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Lecturas del día

Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.

Primera lectura

Isaías 3:1-13

Porque he aquí que el Señor Jehová de los ejércitos quita de Jerusalem, y de Judá, el sustentador y la sustentadora, todo el vigor del pan, y todo el vigor del agua: Valiente y varón de guerra, juez y profeta, adivino, y anciano, Capitán de cincuenta, y hombre de respeto, consejero, y artífice excelente, y sabio de elocuencia. Y ponerles he mozos por príncipes, y muchachos serán sus señores. Y el pueblo hará violencia los unos a los otros, cada hombre contra su vecino: el mozo se levantará contra el viejo, y el plebeyo contra el noble. Cuando alguno trabare de su hermano de la familia de su padre, y le dijere: ¿Qué vestir tienes? Tú serás nuestro príncipe: sea en tu mano esta perdición. El jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni que vestir: no me hagáis príncipe del pueblo. Cierto arruinado se ha Jerusalem, y caído ha Judá; porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová, para irritar los ojos de su majestad. ¶ La prueba del rostro de ellos los convencerá: que como Sodoma predicaron su pecado, no lo disimularon: ¡ay de su vida! porque allegaron mal para sí. Decíd: Al justo bien le irá; porque comerá de los frutos de sus manos. ¡Ay del impío! mal le irá; porque según las obras de sus manos le será pagado. ¶ Los exactores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guian se engañan, y tuercen la carrera de tus caminos. Jehová está en pie para litigar, y está para juzgar los pueblos.

Primera lectura

Éxodo 32

Mas viendo el pueblo que Moisés tardaba de descender del monte, juntóse entonces el pueblo contra Aarón, y dijéronle: Levántate, háznos dioses que vayan delante de nosotros: porque a este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos que le haya acontecido. Y Aarón les dijo: Apartád los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, y de vuestros hijos, y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y trajéronlos a Aarón. El cual los tomó de las manos de ellos, y formólo con buril, e hizo de ello un becerro de fundición, y dijeron: Israel, estos son tus dioses que te sacaron de tierra de Egipto. Y viéndolo Aarón, edificó un altar delante de él, y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta a Jehová. Y el día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron pacíficos: y el pueblo se asentó a comer y a beber, y levantáronse a regocijarse. ¶ Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende; porque tu pueblo, que sacaste de tierra de Egipto, se ha corrompido. Presto se han apartado del camino que yo les mandé; y se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y han sacrificado a él, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de tierra de Egipto. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora pues déjame, que se encienda mi furor en ellos, y los consuma, y a ti yo te pondré sobre gran gente. Entonces Moisés oró a la faz de Jehová su Dios, y dijo: Oh, Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte? ¿Por qué han de decir los Egipcios, diciendo: Con mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete de la ira de tu furor, y arrepiéntete del mal de tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac, y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y dícholes: Yo multiplicaré vuestra simiente como las estrellas del cielo: y daré a vuestra simiente toda esta tierra que he dicho, y tomarla han por heredad para siempre. Entonces Jehová se arrepintió del mal, que dijo, que había de hacer a su pueblo. ¶ Y volvióse Moisés, y descendió del monte trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por sus ambas partes: de una parte y de otra estaban escritas. Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. Y oyendo Josué la voz del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campo. Y él respondió: No es alarido de respuesta de fuertes, ni alarido de respuesta de flacos: alarido de cantar oigo yo. Y aconteció, que como él llegó al campo, y vio el becerro, y las danzas, el furor se le encendió a Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y quebrólas al pie del monte. Y tomó el becerro que habían hecho, y quemólo en el fuego, y moliólo hasta volverlo en polvos, y esparció los polvos sobre las aguas, y diólo a beber a los hijos de Israel. ¶ Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? Y respondió Aarón: No se enoje mi señor, tú conoces el pueblo, que es inclinado a mal: Porque me dijeron: Háznos dioses que vayan delante de nosotros; que a este Moisés, el varón que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos que le ha acontecido. Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? apartádlo. Y diéronmelo, y echélo en el fuego, y salió este becerro. ¶ Y viendo Moisés el pueblo, que estaba desnudo, (porque Aarón le había desnudado para vergüenza entre sus enemigos,) Púsose Moisés a la puerta del real, y dijo: ¿Quién es de Jehová? Venga conmigo. Y juntáronse con él todos los hijos de Leví. Y él les dijo: Así dijo Jehová, el Dios de Israel: Ponéd cada uno su espada sobre su muslo: pasád y volvéd de puerta a puerta por el campo, y matád cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés, y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Jehová, porque cada uno se ha consagrado en su hijo, y en su hermano, para que él dé hoy sobre vosotros bendición. ¶ Y aconteció que el día siguiente Moisés dijo al pueblo: Vosotros habéis pecado un gran pecado: mas yo subiré ahora a Jehová, quizá le aplacaré sobre vuestro pecado. Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Yo te ruego: este pueblo ha pecado un pecado grande, porque se hicieron dioses de oro, Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro, que has escrito. Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a este raeré yo de mi libro. Vé pues ahora, lleva a este pueblo donde te he dicho: he aquí, mi ángel irá delante de ti, que en el día de mi visitación yo visitaré en ellos su pecado. E hirió Jehová al pueblo, porque habían hecho el becerro que hizo Aarón.

Primera lectura

Deuteronomio 18:15-22

¶ Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios, a él oiréis; Según todas las cosas que pediste a Jehová tu Dios en Horeb, el día de la congregación, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, porque no muera. Y Jehová me dijo: Bien han dicho. Profeta les despertaré de en medio de sus hermanos, como tú: y yo pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas será, que cualquiera que no oyere mis palabras, que él hablare en mi nombre, yo requeriré de él. Empero el profeta que presumiere de hablar palabra en mi nombre, que yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. ¶ Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no hubiere hablado? Cuando el profeta hablare en nombre de Jehová, y no fuere la tal cosa, ni viniere, es palabra que Jehová no ha hablado: con soberbia la habló el tal profeta: no hayas temor de él.

Oración matutina — primera lectura

Lamentaciones 3:1-34

Yo soy un hombre que vio aflicción en la vara de su enojo. Guióme, y me llevó en tinieblas, mas no en luz. Ciertamente contra mí volvió, y revolvió su mano todo el día. Hizo envejecer mi carne y mi piel: quebrantó mis huesos. Edificó contra mí, y cercóme de tóxico, y de trabajo. Asentóme en oscuridades como los muertos para siempre. Cercóme de seto, y no saldré: agravó mis grillos. Aun cuando clamé, y di voces, cerró mi oración. Cercó de seto mis caminos a piedra tajada: torció mis senderos. Oso que asecha fue para mí, león en escondrijos. Torció mis caminos, y despedazóme: tornóme asolado. Su arco entesó, y púsome como blanco a la saeta. Hizo entrar en mis riñones la saetas de su aljaba. Fui escarnio a todo mi pueblo, canción de ellos todos los días. Hartóme de amarguras, embriagóme de ajenjos. Quebróme los dientes con cascajo, cubrióme de ceniza. Y mi alma se alejó de la paz, olvidéme del bien. Y dije: Pereció mi fortaleza, y mi esperanza de Jehová. ¶ Acuérdate de mi aflicción, y de mi abatimiento, del ajenjo, y de la hiel. Acordándose se acordará, porque mi alma es humillada en mí. Esto reduciré a mi corazón; por tanto esperaré. Misericordias de Jehová son, que no somos consumidos; porque sus misericordias nunca desfallecieron. Nuevas cada mañana: grande es tu fe. ¶ Mi parte es Jehová, dijo mi alma: por tanto a él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le buscare. Bueno es esperar callando en la salud de Jehová. Bueno es al varón, si llevare el yugo desde su mocedad. Asentarse ha solo, y callará; porque llevó sobre sí. Pondrá su boca en el polvo, si quizá habrá esperanza. Dará la mejilla al que le hiriere: hartarse ha de afrenta. ¶ Porque el Señor no desechará para siempre. Antes si afligiere, también se compadecerá según la multitud de sus misericordias. Porque no aflige, ni congoja de su corazón a los hijos de los hombres. Para desmenuzar debajo de sus pies todos los encarcelados de la tierra;

Epístola

Jeremías 11:18-20

¶ Y Jehová me hizo saber, y conocí: entonces me hiciste ver sus obras. Y yo como cordero, o buey que llevan a degollar, que no entendía que pensaban contra mí pensamientos, diciendo: Destruyamos el árbol con su fruto; y cortémoslo de la tierra de los vivos, y no haya más memoria de su nombre. Mas, o! Jehová de los ejércitos, que juzgas justicia, que sondas los riñones y el corazón, vea yo tu venganza de ellos; porque a ti he descubierto mi causa.

Primera lectura

Isaías 62

Por causa de Sión no callaré, y por causa de Jerusalem no reposaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salud se encienda como una hacha. Y verán las naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y serte ha puesto un nombre nuevo que la boca de Jehová nombrará. Y serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo. Nunca más te llamarán desamparada, ni tu tierra se dirá más asolamiento: mas serás llamada Hapsiba, Mi voluntad en ella; y tu tierra Beula, Casada; porque el querer de Jehová será en ti, y tu tierra será casada. Porque como el mancebo se casa con la virgen, se casarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo. Sobre tus muros, o! Jerusalem, he puesto guardas; todo el día y toda la noche continuamente no callarán. Los que os acordáis de Jehová, no ceséis. Ni a él le deis vagar hasta que confirme, y hasta que ponga a Jerusalem en alabanza en la tierra. Juró Jehová por su mano derecha, y por el brazo de su fortaleza: Que jamás daré tu trigo por comida a tus enemigos, ni beberán los extraños el vino que tu trabajaste. Mas los que lo allegaron, lo comerán, y alabarán a Jehová; y los que lo cogieron lo beberán en los patios de mi santuario. Pasád, pasád por las puertas: barréd el camino al pueblo: allanád, allanád la calzada, quitád las piedras, alzád pendón a los pueblos. He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decíd a la hija de Sión: He aquí viene tu Salvador: he aquí que su salario trae, y su obra delante de él. Y llamarles han: Pueblo santo, redimidos de Jehová; y a ti te llamarán: Ciudad buscada, no desamparada.

Oración matutina — segunda lectura

Juan 15:1-14

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano en mí que no lleva fruto, le quita; y todo aquel que lleva fruto, le limpia, para que lleve más fruto. Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado. Permanecéd en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no permaneciere en la vid, así ni vosotros, si no permaneciereis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto (porque sin mí nada podéis hacer.) Si alguno no permaneciere en mí, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y échanlos en el fuego, y arden. Si permaneciereis en mí, y mis palabras permanecieren en vosotros, todo lo que quisiereis pediréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto; así seréis mis discípulos. Como el Padre me amó, también yo os he amado: sed constantes en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor: como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo permanezca en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como yo os amé. Nadie tiene mayor amor que éste, que ponga alguno su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando.

Salmo responsorial

Salmos 130

De los profundos te llamo, o! Jehová. Señor, oye mi voz. Sean tus orejas atentas a la voz de mi oración. Jehová, si mirares a los pecados, Señor ¿quién persistirá? Por lo cual hay perdón acerca de ti: para que seas temido. Yo esperé a Jehová, mi alma esperó: a su palabra he esperado. Mi alma esperó a Jehová, más que las guardas esperan a la mañana: las guardas a la mañana. Espere Israel a Jehová, porque con Jehová está la misericordia; y abundante redención cerca de él. Y él redimirá a Israel de todos sus pecados.

Evangelio

Marcos 14:32-72;14:15;14:1-46

Y vienen al lugar que se llama Getsemaní, y dice a sus discípulos: Sentáos aquí, entre tanto que oro. Y toma consigo a Pedro, y a Santiago, y a Juan, y comenzó a atemorizarse, y a angustiarse en gran manera. Y les dice: Del todo está triste mi alma hasta la muerte: esperád aquí, y velád. Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró, que si fuese posible, pasase de él aquella hora; Y dijo: Abba, Padre, todas las cosas son a ti posibles; aparta de mi esta copa; empero no lo que yo quiero, sino lo que tú. Y vino, y los halló durmiendo; y dice a Pedro: ¿Simón, duermes? ¿No has podido velar una hora? Velád, y orád, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad está presto, mas la carne enferma. Y volviéndose a ir, oró, y dijo las mismas palabras. Y vuelto, los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban cargados, y no sabían que responderle. Y vino la tercera vez, y les dice: Dormíd ya, y descansád. Basta: la hora es venida: he aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores. Levantáos, vamos: he aquí, el que me entrega está cerca. Y luego, aun hablando él, vino Júdas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y de los ancianos. Y el que le entregaba les había dado una señal, diciendo: Al que yo besare, aquel es: prendédle, y llevádle seguramente. Y como vino, se llegó luego a él, y le dice: Maestro, Maestro, y le besó. Entonces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron. Y uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja. Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Cómo a ladrón, habéis salido con espadas y con palos a tomarme? Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me tomasteis. Mas es así para que se cumplan las Escrituras. Entonces dejándole todos sus discípulos huyeron. Empero un mancebo le seguía cubierto de una sábana sobre el cuerpo desnudo; y los mancebos le prendieron. Mas él, dejando la sábana, se huyó de ellos desnudo. ¶ Y trajeron a Jesús al sumo sacerdote; y se juntaron a él todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y los escribas. Pedro empero le siguió de lejos hasta dentro del palacio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los criados, y calentándose al fuego. Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio, buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; mas no hallaban. Porque muchos decían falso testimonio contra él; mas sus testimonios no concertaban. Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo, que es hecho de manos, y en tres días edificaré otro hecho sin manos. Mas ni aun así se concertaba el testimonio de ellos. El sumo sacerdote entonces, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes algo? ¿Qué atestiguan estos contra ti? Mas él callaba, y nada respondió. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre asentado a la diestra del poder de Dios, y que viene en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote, rompiendo sus vestidos, dijo: ¿Qué más tenemos necesidad de testigos? Oído habéis la blasfemia: ¿Qué os parece? Y ellos todos le condenaron ser culpado de muerte. Y algunos comenzaron a escupir en él, y a cubrir su rostro, y a darle bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los criados le herían de bofetadas. ¶ Y estando Pedro en el palacio abajo, vino una de las criadas del sumo sacerdote; Y como vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú con Jesús el Nazareno estabas. Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que te dices. Y se salió fuera a la entrada, y cantó el gallo. Y la criada viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es uno de ellos. Mas él negó otra vez. Y poco después otra vez los que estaban allí, dijeron a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galileo, y tu habla es semejante. Y él comenzó a echarse maldiciones y a jurar, diciendo: No conozco a ese hombre de que habláis. Y el gallo cantó la segunda vez; y Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces; y comenzó a llorar. Y él os mostrará un gran cenadero aparejado, aderezad para nosotros allí. Y era la pascua, y los días de los panes sin levadura dos días después; y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas como le prenderían por engaño, y le matarían. Mas decían: No en el día de la fiesta porque no se haga alboroto del pueblo. Y estando él en Betania en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer teniendo un vaso de alabastro de ungüento de nardo puro de mucho precio, y quebrando el alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento? Porque podía esto ser vendido por más de trescientos denarios, y darse a los pobres. Y bramaban contra ella. Mas Jesús dijo: Dejádla: ¿por qué la molestais? buena obra me ha hecho. Porque siempre tenéis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis, les podéis hacer bien; mas a mí no siempre me tenéis. Esta, lo que pudo, hizo: se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo, que donde quiera que fuere predicado este evangelio en todo el mundo, también esto que ha hecho ésta, será dicho para memoria de ella. Entonces Júdas Iscariote, uno de los doce, fue a los príncipes de los sacerdotes, para entregársele. Y ellos oyéndolo se holgaron, y prometieron que le darían dineros. Y buscaba oportunidad como le entregaría. ¶ Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban la pascua, sus discípulos le dicen: ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte, para que comas la pascua? Y envía dos de sus discípulos, y les dice: Id a la ciudad, y os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua, seguídle; Y donde entrare, decíd al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran cenadero aparejado, aderezad para nosotros allí. Y fueron sus discípulos, y vinieron a la ciudad, y hallaron como les había dicho, y aderezaron la pascua. Y llegada la tarde, vino con los doce. Y como se sentaron a la mesa, y comiesen, dice Jesús: De cierto os digo, que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar. Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle cada uno por sí: ¿Seré yo? y el otro: ¿Seré yo? Y él respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, que moja conmigo en el plato. A la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera, si no hubiera nacido el tal hombre. Y estando ellos comiendo, tomó Jesús pan, y bendiciendo lo rompió, y les dio, y dijo: Tomád, coméd, éste es mi cuerpo. Y tomando la copa, habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dice: Esta es mi sangre del nuevo testamento, que por muchos es derramada. De cierto os digo, que no beberé más del fruto de la vid hasta aquel día, cuando lo beberé nuevo en el reino de Dios. ¶ Y como hubieron cantado un himno, se salieron al monte de las Olivas. Jesús entonces les dice: Todos seréis escandalizados en mí esta noche, porque escrito está: Heriré al pastor, y serán dispersas las ovejas. Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Entonces Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, mas no yo. Y le dice Jesús: De cierto te digo, que tú, hoy, en esta misma noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. Mas él con más vehemencia decía: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. Y vienen al lugar que se llama Getsemaní, y dice a sus discípulos: Sentáos aquí, entre tanto que oro. Y toma consigo a Pedro, y a Santiago, y a Juan, y comenzó a atemorizarse, y a angustiarse en gran manera. Y les dice: Del todo está triste mi alma hasta la muerte: esperád aquí, y velád. Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró, que si fuese posible, pasase de él aquella hora; Y dijo: Abba, Padre, todas las cosas son a ti posibles; aparta de mi esta copa; empero no lo que yo quiero, sino lo que tú. Y vino, y los halló durmiendo; y dice a Pedro: ¿Simón, duermes? ¿No has podido velar una hora? Velád, y orád, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad está presto, mas la carne enferma. Y volviéndose a ir, oró, y dijo las mismas palabras. Y vuelto, los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban cargados, y no sabían que responderle. Y vino la tercera vez, y les dice: Dormíd ya, y descansád. Basta: la hora es venida: he aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores. Levantáos, vamos: he aquí, el que me entrega está cerca. Y luego, aun hablando él, vino Júdas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y de los ancianos. Y el que le entregaba les había dado una señal, diciendo: Al que yo besare, aquel es: prendédle, y llevádle seguramente. Y como vino, se llegó luego a él, y le dice: Maestro, Maestro, y le besó. Entonces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron.

Salmo responsorial

Salmos 61

Oye, o! Dios, mi clamor; está atento a mi oración. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando desmayare mi corazón; a la peña más alta que yo, llévame. Porque tú has sido mi refugio; torre de fortaleza delante del enemigo. Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; estaré seguro en el escondedero de tus alas. Porque tú, o! Dios, has oído mis votos; has dado heredad a los que temen tu nombre. Días sobre días añadirás al rey: sus años serán como generación y generación. El estará para siempre delante de Dios; misericordia y verdad apercibe que le conserven. Así cantaré tu nombre para siempre, pagando mis votos cada día.

Salmo responsorial

Salmos 82

Dios está en la congregación de Dios; en medio de los dioses juzga. ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente: y aceptaréis las personas de los impíos? Selah. Hacéd derecho al pobre y al huérfano: justificád al afligido y al menesteroso. Librád al afligido y al menesteroso: librádle de mano de los impíos. No saben, no entienden: andan en tinieblas, vacilan todos los cimientos de la tierra. Yo dije, dioses sois vosotros; y todos vosotros hijos del Altísimo. Empero como hombres moriréis: y como cualquiera de los tiranos caeréis. Levántate o! Dios, juzga la tierra: porque tú heredarás en todas las naciones.

Salmo responsorial

Salmos 79

O! Dios, vinieron las gentes a tu heredad: contaminaron el templo de tu santidad; pusieron a Jerusalem en montones: Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos: la carne de tus piadosos a las bestias de la tierra. Derramaron su sangre, como agua, en los al rededores de Jerusalem: y no hubo quien los enterrase. Somos afrentados de nuestros vecinos: escarnecidos y burlados de los que están en nuestros al rededores. ¿Hasta cuándo, o! Jehová? ¿Airarte has para siempre? ¿Arderá, como fuego, tu zelo? Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen: y sobre los reinos que no invocan tu nombre. Porque han consumido a Jacob: y su morada han asolado. No nos traigas en memoria las iniquidades antiguas: anticípennos presto tus misericordias, porque estamos muy consumidos. Ayúdanos, o! Dios, salud nuestra, por la honra de tu nombre: y líbranos, y aplácate sobre nuestros pecados por causa de tu nombre. Porque dirán las gentes: ¿Dónde está su Dios? Sea notoria en las naciones delante de nuestros ojos la venganza de la sangre de tus siervos que se ha derramado. Entre delante de ti el gemido de los presos: conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los sentenciados a muerte. Y torna a nuestros vecinos en su seno siete tantos de su deshonra con que te han deshonrado, o! Jehová. Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu pasto, te alabaremos para siempre: por generación y generación contaremos tus alabanzas.

Oración vespertina — primera lectura

Lamentaciones 3:34

Para desmenuzar debajo de sus pies todos los encarcelados de la tierra;

Segunda lectura

Romanos 10

Hermanos, el deseo vehemente de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para su salvación. Porque yo les doy testimonio, que a la verdad tienen zelo de Dios, mas no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando de establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios. Porque el fin de la ley es Cristo, para dar justicia a todo aquel que cree. Porque Moisés describe así la justicia que es por la ley: Que el hombre que aquellas cosas hiciere, vivirá por ellas. Mas de la justicia que es por la fe, dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer de lo alto a Cristo.) ¿O, quién descenderá al abismo? (esto es, para volver a traer a Cristo de los muertos.) Mas ¿qué dice? Cercana te está la palabra, es a saber, en tu boca, y en tu corazón. Esta es la palabra de fe la cual predicamos: Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para alcanzar justicia; y con la boca se hace confesión para salud. Porque la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre el Judío y el Griego; porque uno mismo es el Señor de todos, rico para con todos los que le invocan. Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo pues invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que traen la buena nueva de los bienes! Mas no todos obedecieron al evangelio; porque Isaías dice: Señor, ¿quién creyó nuestro dicho? Luego la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios. Mas digo yo: ¿Qué no han oído? Antes cierto por toda la tierra ha salido el sonido de ellos, y hasta los cabos de la redondez de la tierra las palabras de ellos. Mas digo yo: ¿No lo ha conocido Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré a zelos por un pueblo que no es mi pueblo, y con una nación insensata os provocaré a ira. Mas, Isaías habla claro, y dice: Fui hallado de los que no me buscaban; manifestéme a los que no preguntaban por mí. Mas contra Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y altercador.

Segunda lectura

2 Timoteo 3

Esto empero sabe, que en los postreros días, vendrán tiempos trabajosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, ingratos, impuros, Sin afecto natural, desleales, calumniadores, incontinentes, crueles, aborrecedores de lo bueno, Traidores, temerarios, hinchados, amadores de placeres, más bien que amadores de Dios; Teniendo la apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella; a los tales también evita. Porque de estos son los que se entran por las casas, y llevan cautivas a mujercillas, cargadas de pecados, llevadas de diversas concupiscencias; Que siempre aprenden, y nunca pueden acabar de llegar al conocimiento de la verdad. Y de la manera que Jannes y Jambres resistieron a Moisés, así también estos resisten a la verdad: hombres corrompidos de entendimiento, réprobos acerca de la fe: Mas no irán muy adelante; porque su locura será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquellos. ¶ Tú empero has entendido cumplidamente mi doctrina, manera de vivir, intento, fe, largueza de ánimo, amor, paciencia, Persecuciones, aflicciones, las cuales me sobrevinieron en Antioquía, Iconio, Listra: cuales persecuciones he sufrido; mas de todas ellas me ha librado el Señor. Y aun todos los que quieren vivir píamente en Cristo, padecerán persecución. Mas los malos hombres, y los engañadores, aprovecharán de mal en peor, engañando, y siendo engañados. Así que tú está firme en lo que has aprendido, y de que has sido persuadido, sabiendo de quien has aprendido; Y que desde la niñez has sabido las sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salud por medio de la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada divinamente, y es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instituir en justicia, Para que el hombre de Dios sea perfecto, perfectamente instruido para toda buena obra.

Segunda lectura

Efesios 4:17-32

¶ Así que esto digo, y requiero por el Señor, que no andéis más como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su mente, Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón: Los cuales perdido ya todo sentimiento justo, se han entregado a la desvergüenza para cometer toda inmundicia, con ansia. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo. Si empero le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad es en Jesús, A despojaros del hombre viejo, en cuanto a la pasada manera de vivir, el cual es corrompido conforme a los deseos engañosos; Y a renovaros en el espíritu de vuestro entendimiento, Y vestiros del hombre nuevo, que es creado conforme a Dios en justicia, y en santidad verdadera. Por lo cual, dejando la mentira, hablád verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airáos, y no pequéis: no se ponga el sol sobre vuestro enojo; Ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad. Ninguna palabra podrida salga de vuestra boca; sino antes la que es buena, para edificación, para que dé gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, por el cual estáis sellados para el día de la redención. Toda amargura, y enojo, e ira, y gritería, y maledicencia sea quitada de entre vosotros, y toda malicia. Mas sed los unos con los otros benignos, compasivos, perdonándoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.

Segunda lectura

Isaías 8:1-8

Y díjome Jehová: Tómate un gran volumen, y escribe en él en estilo vulgar: dáte priesa al despojo, apresúrate a la presa. Y junté conmigo por testigos fieles a Urías sacerdote, y a Zacarías, hijo de Jebaraquías. Y juntéme con la profetisa, la cual concibió, y parió un hijo. Y díjome Jehová: Pónle por nombre: dáte priesa al despojo, apresúrate a la presa. Porque antes que el niño sepa decir, padre mío, y madre mía, será quitada la fuerza de Damasco, y los despojos de Samaria serán en la presencia del rey de Asiria. ¶ Otra vez me tornó Jehová a hablar, diciendo: Porque desechó este pueblo las aguas de Siloé que corren mansamente, y con Rezín, y con el hijo de Romelías se holgó: Por tanto he aquí que el Señor hace subir sobre ellos aguas de río impetuosas y muchas, es a saber, al rey de Asiria, y a toda su gloria; el cual subirá sobre todos sus ríos, y pasará sobre todas sus riberas. Y pasando hasta Judá, pasará, y sobrepujará, y llegará hasta la garganta; y extendiendo sus alas henchirá la anchura de tu tierra, o! Emmanuel.

Evangelio

Lucas 17

Dijo después a los discípulos: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le sería, si una piedra de molino de asno le fuera puesta al cuello, y fuese echado en la mar, que escandalizar a uno de estos pequeñitos. Mirád por vosotros. Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere a ti, diciendo: Pésame: perdónale. ¶ Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Y el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en la mar, y os obedecería. ¿Mas cuál de vosotros tiene un siervo que ara, o apacienta ganado, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice antes: Adereza que cene yo, y cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto come tú y bebe? ¿Hace gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decíd: Siervos inútiles somos; porque lo que debíamos de hacer, hicimos. ¶ Y aconteció que yendo él a Jerusalem, pasaba por medio de Samaria, y de Galilea. Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos; Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros. Y como él los vio, les dijo: Id, mostráos a los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios. Y el uno de ellos, como se vio que era limpio, volvió, glorificando a Dios a gran voz. Y se derribó sobre su rostro a sus pies, haciéndole gracias; y éste era Samaritano. Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve, dónde están? ¿No fue hallado quien volviese, y diese gloria a Dios, sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha sanado. ¶ Y preguntado de los Fariseos, cuando había de venir el reino de Dios, les respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá manifiesto; Ni dirán: Héle aquí, o héle allí; porque, he aquí, el reino de Dios dentro de vosotros está. Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Héle aquí, o héle allí. No vayáis tras ellos, ni los sigáis. Porque como el relámpago relampagueando desde una parte que está debajo del cielo, resplandece hasta la otra que está debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día. Mas primero es menester que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación. Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre: Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó a todos. Asimismo también como fue en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos: Como esto será el día que el Hijo del hombre se manifestará. En aquel día, el que estuviere en el tejado, y sus alhajas en casa, no descienda a tomarlas; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordáos de la mujer de Lot. Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la vivificará. Os digo, que en aquella noche estarán dos hombres en una cama: el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra será dejada. Dos hombres estarán en el campo: el uno será tomado, y el otro será dejado. Y respondiéndole, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.

Oración vespertina — segunda lectura

Juan 15:14

Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando.

Evangelio

Marcos 9:2-13

Y seis días después tomó Jesús a Pedro, y a Santiago, y a Juan, y los sacó aparte solos a un monte alto, y fue transfigurado delante de ellos. Y sus vestidos fueron vueltos resplandecientes, muy blancos como la nieve, cuales lavador no los puede blanquear en la tierra. Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús. Entonces respondiendo Pedro, dice a Jesús: Maestro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres cabañas: para ti una, y para Moisés otra, y para Elías otra; Porque no sabía lo que hablaba, que estaban fuera de sí. Y vino una nube que los asombró, y una voz de la nube que decía: Este es mi hijo amado, a él oíd. Y luego, como miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a solo Jesús. Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos. Y ellos retuvieron el caso en sí altercando que sería aquello: Resucitar de los muertos. Y le preguntaron, diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es menester que Elías venga antes? Y respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad, cuando viniere antes, restituirá todas las cosas; y como está escrito del Hijo del hombre; que padezca mucho, y sea tenido en nada. Empero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.

Evangelio

Marcos 2:13-17

¶ Y volvió a salir a la mar, y toda la multitud venía a él, y les enseñaba. Y pasando vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose, le siguió. Y aconteció, que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores se sentaban también juntamente con Jesús, y con sus discípulos; porque había muchos, y le seguían. Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con publicanos, y con pecadores, dijeron a sus discípulos: ¿Qué es esto, que vuestro Maestro come y bebe con publicanos, y con pecadores? Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que tienen mal. No he venido a llamar a los justos, mas los pecadores a arrepentimiento.

Evangelio

Juan 14

No se turbe vuestro corazón: creeis en Dios, creéd también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: si así no fuera, os lo hubiera yo dicho. Yo voy a aparejaros el lugar. Y si me fuere, y os aparejare el lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis donde yo voy, y el camino sabéis. Dícele Tomás: Señor, no sabemos donde vas: ¿cómo pues podemos saber el camino? Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Dícele Felipe: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido aun, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo pues dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo; mas el Padre que está en mí, él hace las obras. Creédme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: o si no, creédme por las mismas obras. De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará, y mayores que estas hará; porque yo voy a mi Padre. Y todo lo que pidiereis en mi nombre, esto haré; para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, guardád mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, el cual os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; Es a saber, al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir; porque no le ve, ni le conoce; mas vosotros le conocéis, porque está con vosotros, y será en vosotros. No os dejaré huérfanos: yo vendré a vosotros. Aun un poquito, y el mundo no me verá más; empero vosotros me veréis: por cuanto yo vivo, vosotros también viviréis. Aquel día vosotros conoceréis que yo soy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre; y yo le amaré a él, y me manifestaré a él. Dícele Júdas, no el Iscariote: ¿Señor, qué hay porque te has de manifestar a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús, y le dijo: Si alguno me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió. Estas cosas os he hablado estando aun con vosotros. Mas aquel Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho. La paz os dejo: mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy: no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Habéis oído como yo os he dicho: Voy, y vengo otra vez a vosotros. Si me amaseis, ciertamente os regocijaríais, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que se haga, para que cuando se hiciere, creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, mas no tiene nada en mí. Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dio mandamiento, así hago. Levantáos, vamos de aquí.

Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)

Las lecturas del día, cada mañana

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