Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Este es el libro de las descendencias de Adam. El día que creó Dios al hombre, a la semejanza de Dios le hizo. Macho y hembra los creó, y bendíjolos, y llamó el nombre de ellos Adam, en el día en que fueron creados. Y vivió Adam ciento y treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adam, después que engendró a Set, ochocientos años: y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días que vivió Adam novecientos y treinta años, y murió. Y vivió Set ciento y cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos y siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Set novecientos y doce años, y murió. Y vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán. Y vivió Enós, después que engendró a Cainán, ochocientos y quince años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enós novecientos y cinco años, y murió. Y vivió Cainán setenta años, y engendró a Malaleel. Y vivió Cainán, después que engendró a Malaleel, ochocientos y cuarenta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Cainán novecientos y diez años, y murió. Y vivió Malaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared. Y vivió Malaleel, después que engendró a Jared, ochocientos y treinta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Malaleel ochocientos y noventa y cinco años, y murió. Y vivió Jared ciento y sesenta y dos años, y engendró a Jenoc. Y vivió Jared, después que engendró a Jenoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Jared novecientos y sesenta y dos años, y murió. Y vivió Jenoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalem. Y anduvo Jenoc con Dios, después que engendró a Matusalem, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Jenoc trescientos y sesenta y cinco años. Y anduvo Jenoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Y vivió Matusalem ciento y ochenta y siete años, y engendró a Lamec. Y vivió Matusalem, después que engendró a Lamec, setecientos y ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Matusalem novecientos y sesenta y nueve años, y murió. Y vivió Lamec ciento y ochenta y dos años, y engendró un hijo. Y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos consolará de nuestras obras, y del trabajo de nuestras manos de la tierra a la cual Jehová maldijo. Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos y noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Lamec setecientos y setenta y siete años, y murió. Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, Cam, y a Jafet.
Primera lectura
Y Jehová dijo a Moisés: Vé, sube de aquí, tu y el pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra, de la cual yo juré a Abraham, Isaac, y Jacob, diciendo: A tu simiente la daré: Y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al Cananeo, y al Amorreo, y al Jetteo, y al Ferezeo, y al Heveo, y al Jebuseo, A la tierra que corre leche y miel: porque yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, porque yo no te consuma en el camino. Y oyendo el pueblo esta mala palabra, pusieron luto, y ninguno puso sobre si sus atavíos. Y Jehová dijo a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz: en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré: quítate pues ahora tus atavíos que yo sabré lo que te tengo de hacer. Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Oreb. Y Moisés tomó el tabernáculo, y extendiólo fuera del campo, lejos del campo, y llamóle: El tabernáculo del testimonio: y fue, que cualquiera que requería a Jehová, salía al tabernáculo del testimonio, que estaba fuera del campo. Y era, que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y estaba cada uno en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo: Y cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía, y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. Y viendo todo el pueblo la columna de la nube, que estaba a la puerta del tabernáculo, todo el pueblo se levantaba; cada uno a la puerta de su tienda, y adoraba. Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero, y volvíase al campo: mas el mozo Josué, hijo de Nun, su criado, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo. ¶ Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo, y tú no me has aun declarado, a quien has de enviar conmigo: y tú dices: Yo te he conocido por nombre, y aun has hallado gracia en mis ojos. Ahora pues, si he hallado ahora gracia en tus ojos, ruégote que me muestres tu camino, para que te conozca; porque halle gracia en tus ojos: y mira, que tu pueblo es aquesta gente. ¶ Y él dijo: Mi faz irá contigo, y te haré descansar. Y él le respondió: Si tu faz no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. ¿Y en qué se parecerá aquí, que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en andar tú con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra? Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y yo te he conocido por nombre. Él entonces dijo: Ruégote que me muestres tu gloria. Y él respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y llamaré por el nombre de Jehová delante de ti; y habré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente al que seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi faz; porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo más Jehová: He aquí lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña. Y será, que cuando pasare mi gloria, yo te pondré en un resquicio de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. Después yo apartaré mi mano, y verás mis espaldas, mas mi rostro no se verá.
Primera lectura
Y será que cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad, y la poseyeres, y habitares en ella; Entonces tomarás de las primicias de todos los frutos de la tierra, que trajeres de tu tierra, que Jehová tu Dios te da, y pondrás en un canastillo, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere, para hacer habitar allí su nombre: Y vendrás al sacerdote que fuere en aquellos días, y decirle has: Confieso hoy a Jehová tu Dios, que yo he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos había de dar. Y el sacerdote tomará el canastillo de tu mano, y ponerlo ha delante del altar de Jehová tu Dios. Y responderás, y dirás delante de Jehová tu Dios: El Siro mi padre pereciendo de hambre descendió a Egipto, y peregrinó allá con pocos hombres, y allí creció en gente grande, fuerte, y mucha. Y los Egipcios nos maltrataron, y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová Dios de nuestros padres, y oyó Jehová nuestra voz, y vio nuestra aflicción, y nuestro trabajo, y nuestra opresión: Y sacónos Jehová de Egipto con mano fuerte y con brazo extendido, y con espanto grande, y con señales y con milagros. Y trájonos a este lugar, y diónos esta tierra, tierra que corre leche y miel. Y ahora, he aquí, he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y dejarlo has delante de Jehová tu Dios, e inclinarte has delante de Jehová tu Dios. Y alegrarte has con todo el bien que Jehová tu Dios te hubiere dado a ti y a tu casa, tú y el Levita y el extranjero que está en medio de ti.
Oración matutina — primera lectura
¡Cómo se ha oscurecido el oro, el buen oro se ha trocado! las piedras del santuario son esparcidas por las encrucijadas de todas las calles. Los hijos de Sión preciados, y estimados más que el oro puro, ¡cómo son tenidos por vasos de barro, obra de manos del ollero! Aun las serpientes sacan la teta, dan de mamar a sus chiquitos: la hija de mi pueblo cruel, como los avestruces en el desierto. La lengua del niño de teta de sed se pegó a su paladar: los chiquitos pidieron pan, no hubo quien se lo partiese. Los que comían delicadamente fueron asolados en las calles: los que se criaron en carmesí abrazaron los estiércoles. Y aumentóse la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, que fue trastornada en un momento, y no asentaron sobre ella compañías. Sus Nazareos fueron blancos más que la nieve, más resplandecientes que la leche: su compostura más encendida que las piedras preciosas cortadas del zafiro. Oscura más que la negrura es la forma de ellos: no los conocen por las calles: su cuero está pegado a sus huesos, seco como un palo. Más dichosos fueron los muertos a espada, que los muertos de la hambre; porque estos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra. Las manos de las mujeres piadosas cocieron a sus hijos: fuéronles comida en el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. Cumplió Jehová su enojo: derramó el calor de su ira; y encendió fuego en Sión, que consumió sus fundamentos. Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan el mundo creyeron, que el enemigo, y el adversario entrara por las puertas de Jerusalem. Por los pecados de sus profetas, por las maldades de sus sacerdotes, derramaron en medio de ella la sangre de los justos. Titubearon ciegos en las calles: fueron contaminados en sangre, que no pudiesen tocar a sus vestiduras. Dábanles voces: Apartáos, es inmundo, apartáos, apartáos, no toquéis; porque eran contaminados; y desde que fueron traspasados, dijeron entre las naciones: Nunca más morarán. La ira de Jehová los apartó: nunca más los mirará; porque no reverenciaron la presencia de los sacerdotes, de los viejos no tuvieron compasión. Aun nos han desfallecido nuestros ojos tras nuestro vano socorro: con nuestra esperanza esperamos nación que no puede salvar. Cazáronnos nuestros pasos, que no anduviésemos por nuestras calles: acercóse nuestro fin, cumpliéronse nuestros días; porque nuestro fin vino. Ligeros fueron nuestros perseguidores, más que las águilas del cielo: sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos espiaron. El resuello de nuestras narices, el ungido de Jehová fue preso en sus hoyos, de quien habíamos dicho: En su sombra tendremos vida entre las gentes. ¶ Gózate, y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Hus: aun hasta ti pasará el cáliz: embriagarte has, y vomitarás.
Epístola
¿Quién creyó a nuestro dicho? ¿Y el brazo de Jehová, sobre quien se ha manifestado? Y subirá, como renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca. No hay parecer en él, ni hermosura: le veremos, y sin parecer, tanto que le deseemos. Despreciado, y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en flaqueza; y como que escondimos de él el rostro: menospreciado, y no le estimamos. ¶ Ciertamente nuestras enfermedades él las llevó, y él sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos a él por azotado, herido, y abatido de Dios. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga hubo cura para nosotros. Todos nosotros nos perdimos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová traspuso en él el pecado de todos nosotros. ¶ Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. De la cárcel, y del juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes: por la rebelión de mi pueblo plaga a él. Y puso con los impíos su sepultura, y su muerte con los ricos: aunque nunca él hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová le quiso moler, sujetándole a enfermedad. Cuando hubiere puesto su vida por expiación, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será prosperada en su mano. Del trabajo de su alma verá, y se hartará. Y con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos; y él llevará las iniquidades de ellos. Por tanto yo le daré parte con los grandes, y a los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida a la muerte, y fue contado con los transgresores habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.
Primera lectura
¿Quién es este que viene de Edom: de Bosra, con vestidos bermejos? ¿Este, hermoso en su vestido, que va con la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. ¿Por qué es bermejo tu vestido? ¿y tus ropas como de el que ha pisado en lagar? Solo pisé el lagar, y de los pueblos nadie fue conmigo. Pisélos con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y ensucié todas mis ropas. Porque el día de la venganza está en mi corazón; y el año de mis redimidos es venido. Miré pues, y no había quien ayudase; y abominé, que no hubiese quien me sustentase: y salvóme mi brazo, y me sustentó mi ira. Y hollé los pueblos con mi ira, y los embriagué de mi furor, y derribé a tierra su fortaleza. ¶ De las misericordias de Jehová haré memoria, de las alabanzas de Jehová, como sobre todo lo que Jehová nos ha dado; y de la grandeza de su beneficencia a la casa de Israel, que les ha hecho según sus misericordias, y según la multitud de sus miseraciones. Y dijo: Ciertamente mi pueblo son, hijos que no mienten; y fue su Salvador. En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó: con su amor, y con su clemencia los redimió, y los trajo a cuestas, y los levantó todos los días del siglo. Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su Espíritu Santo: por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos. Empero acordóse de los días antiguos, de Moisés, y de su pueblo: ¿Dónde está el que los hizo subir de la mar con el pastor de su rebaño? ¿Dónde está el que puso en medio de él su Espíritu Santo? ¿El que los guió por la diestra de Moisés con el brazo de su gloria? ¿El que rompió las aguas, haciéndose a sí nombre perpetuo? El que los hizo ir por los abismos como un caballo por el desierto, nunca tropezaron. El Espíritu de Jehová los pastoreó, como a una bestia que desciende al valle: así pastoreaste tu pueblo, para hacerte nombre glorioso. ¶ Mira desde el cielo, desde la morada de tu santidad, y de tu gloria. ¿Dónde está tu zelo, y tu fortaleza, la multitud de tus entrañas, y de tus miseraciones para conmigo? ¿Hánse estrechado? Porque tú eres nuestro padre, que Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce: Tú, Jehová, eres nuestro padre, nuestro Redentor perpetuo es tu nombre. ¿Por qué, o! Jehová, nos has hecho errar de tus caminos? ¿Endureciste nuestro corazón a tu temor? Vuélvete por tus siervos, por las tribus de tu heredad. Por poco tiempo poseyó la tierra prometida, el pueblo de tu santidad: nuestros enemigos han hollado tu santuario. Habemos sido como aquellos de quienes nunca te enseñoreaste, sobre los cuales nunca fue llamado tu nombre.
Oración matutina — segunda lectura
Estas cosas os he hablado, para que no seáis ofendidos. Os echarán de las sinagogas: aun más, la hora viene, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servicio a Dios. Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre, ni a mí. Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordéis de ello, que yo os lo había dicho: esto empero no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros. Mas ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Dónde vas? Mas, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro corazón. Empero yo os digo la verdad, que os es necesario que yo vaya; porque si yo no fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré. Y cuando él viniere, redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí: De justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más: De juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ya es juzgado. Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar. Empero cuando viniere aquel, el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad; porque no hablará de sí mismo, mas todo lo que oyere hablará; y las cosas que han de venir os hará saber. El me glorificará, porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre, mío es: por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. Un poco, y no me veréis; y otra vez un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.
Salmo responsorial
Jehová, no se ensoberbeció mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron: ni anduve en grandezas, ni en cosas maravillosas más de lo que me pertenecía. Si no puse, e hice callar mi alma, sea yo como el destetado de su madre, como el destetado de mi vida. Espera, o! Israel, a Jehová desde ahora y hasta siempre.
Evangelio
¶ Y saliendo, se fue, según su costumbre, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. Y como llegó a aquel lugar, les dijo: Orád para que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas, oró, Diciendo: Padre, si quieres, pasa esta copa de mí, empero no se haga mi voluntad, mas la tuya. Y le apareció un ángel del cielo esforzándole. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y fue su sudor como gotas grandes de sangre, que descendían hasta la tierra. Y como se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo de tristeza. Y les dijo: ¿Qué, dormís? Levantáos, y orád que no entréis en tentación. ¶ Estando aun hablando él, he aquí, una multitud de gente, y el que se llamaba Júdas, uno de los doce, iba delante de ellos; y se llegó a Jesús, para besarle. Entonces Jesús le dijo: ¿Júdas, con un beso entregas al Hijo del hombre? Y viendo los que estaban junto a él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos con espada? Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote, y le quitó la oreja derecha. Y respondiendo Jesús, dijo: Dejád hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó. Dijo después Jesús a los príncipes de los sacerdotes, y a los capitanes del templo, y a los ancianos que habían venido contra él: ¿Cómo a ladrón habéis salido con espadas y con palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. ¶ Y prendiéndole, le trajeron, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos. Y habiendo encendido fuego en medio del atrio, y sentándose todos al derredor, se sentó también Pedro entre ellos. Y como una criada le vio que estaba sentado al fuego, puestos los ojos en él, dijo: Y éste con él era. Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. Y un poco después viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. Y como una hora pasada, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él; porque es Galileo. Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y luego, estando aun él hablando, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le había dicho. Antes que el gallo dé voz me negarás tres veces. Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. Y los hombres que tenían a Jesús, burlaban de él, hiriéndole. Y cubriéndole herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te hirió? Y decían otras muchas cosas injuriándole. Y como fue de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron a su concilio, Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creereis; Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis; Mas desde ahora el Hijo del hombre se asentará a la diestra del poder de Dios. Y dijeron todos: ¿Luego tú eres el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros lo decís, que yo soy. Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca. Y levantándose toda la multitud de ellos, lleváronle a Pilato. Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte nuestra nación, y que veda dar tributo a César, diciendo que él es el Cristo el Rey. Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los Judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. Y Pilato dijo a los príncipes de los sacerdotes, y al pueblo: Ninguna culpa hallo en este hombre. Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí. Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo. Y como entendió que era de la jurisdicción de Heródes, le remitió a Heródes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días. Y Heródes, viendo a Jesús, se holgó mucho; porque había mucho que le deseaba ver; porque había oído de él muchas cosas; y tenía esperanza que le vería hacer algún milagro. Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió. Y estaban los príncipes de los sacerdotes, y los escribas acusándole con gran porfía. Mas Heródes con sus soldados le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y le volvió a enviar a Pilato. Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Heródes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí. Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, Les dijo: Me habéis presentado a éste por hombre que pervierte al pueblo; y, he aquí, yo preguntando delante de vosotros, no he hallado alguna culpa en este hombre de aquellas de que le acusáis. Y ni aun Heródes; porque os remití a él; y he aquí, que ninguna cosa digna de muerte se le ha hecho. Le soltaré pues castigado. Y tenía necesidad de soltarles uno en la fiesta. Y toda la multitud dio voces a una, diciendo: Afuera con éste, y suéltanos a Barrabás: (El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.) Y les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús. Mas ellos volvían a dar voces, diciendo: Crucifícale, Crucifícale. Y él les dijo la tercera vez: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho éste? ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré pues, y le soltaré. Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado; y las voces de ellos, y de los príncipes de los sacerdotes prevalecieron. Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían. Y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; mas entregó a Jesús a la voluntad de ellos. ¶ Y llevándole, tomaron a un Simón, Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase en pos de Jesús. Y le seguía grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban, y lamentaban. Mas Jesús, vuelto a ellas, les dijo: Hijas de Jerusalem, no me lloréis a mí; mas lloráos a vosotras mismas, y a vuestros hijos. Porque, he aquí, que vendrán días, en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no parieron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caéd sobre nosotros; y a los collados: Cubrídnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco qué se hará? Y llevaban también con él otros dos, malhechores, a matar con él. ¶ Y como vinieron al lugar que se llama Calvario, le crucificaron allí; y a los malhechores, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Mas Jesús decía: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. Y el pueblo estaba mirando; y burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros salvó: sálvese a sí mismo, si éste es el Mesías, el escogido de Dios. Escarnecían de él también los soldados, llegándose, y presentándole vinagre, Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate a ti mismo. Y había también un título escrito sobre él con letras Griegas, y Latinas, y Hebráicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. ¶ Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo, y a nosotros. Y respondiendo el otro, le riñó, diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condenación? Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando vinieres en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. ¶ Y era como la hora de sexta, y fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rompió por medio. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró. Y como el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes a este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos. Mas todos sus conocidos estaban de lejos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, mirando estas cosas. ¶ Y, he aquí, un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno, y justo: El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos, varón de Arimatea, ciudad de los Judíos: el cual también esperaba el reino de Dios. Este llegó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitado de la cruz, le envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro que era labrado en roca, en el cual aun ninguno había sido puesto.
Salmo responsorial
En Dios solamente está callada mi alma; de él es mi salud. El solamente es mi fuerte y mi salud: mi refugio, no resbalaré mucho. ¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre? seréis muertos todos vosotros; como pared acostada seréis, como vallado rempujado. Solamente consultan para arrojarle de su grandeza: aman la mentira: con su boca bendicen, mas en sus entrañas maldicen. Selah. En Dios solamente repósate, o! alma mía; porque de él es mi esperanza. El solamente es mi fuerte y mi salud: mi refugio, no resbalaré. Sobre Dios es mi salud y mi gloria: peña de mi fortaleza: mi refugio es en Dios. ¶ Esperád en él en todo tiempo, o! pueblos: derramád delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. Selah. Solamente vanidad son los hijos de Adam, mentira los hijos del varón, pesándolos a todos juntos en balanzas, serán menos que la vanidad. No confiéis en la violencia, y en la rapiña no os desvanezcáis: en la hacienda, si se aumentare, no pongáis el corazón. Una vez habló Dios, dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza: Y tuya, Señor, es la misericordia: porque tú pagas a cada uno conforme a su obra.
Salmo responsorial
O! Dios, no tengas silencio, no calles, ni ceses, o! Dios. Porque he aquí que tus enemigos han bramado: y tus aborrecedores han alzado cabeza. Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente: y han entrado en consejo contra tus escondidos. Han dicho: Veníd, y cortémoslos de ser nación: y no haya más memoria del nombre de Israel. Por esto han conspirado de corazón a una: contra ti han hecho liga. Las tiendas de los Idumeos, y de los Ismaelitas: Moab, y los Agarenos; Gebal, y Ammón, y Amalec: Palestina, con los habitadores de Tiro. También el Assur se ha juntado con ellos: son por brazo a los hijos de Lot. Selah. ¶ Házles como a Madián, como a Sisara: como a Jabín en el arroyo de Cisón: Que perecieron en En-dor: fueron hechos muladar de la tierra. Pon a ellos y a sus capitanes como a Oreb, y como a Zeb, y como a Zebee, y como a Salmana: a todos sus príncipes, Que han dicho: Heredemos para nosotros las moradas de Dios. Dios mío, pónlos como a torbellino: como a hojarascas delante del viento: Como fuego que quema el monte: como llama que abrasa las breñas; Así persíguelos con tu tempestad; y con tu torbellino asómbralos. Hinche sus rostros de vergüenza; y busquen tu nombre, o! Jehová. Sean afrentados, y turbados para siempre; y sean deshonrados, y perezcan. Y conozcan que tu nombre es Jehová; tú solo Altísimo sobre toda la tierra.
Salmo responsorial
O! Pastor de Israel, escucha: tú que pastoreas, como a ovejas, a José: tú que estás entre los querubines, resplandece. Despierta tu valentía delante de Efraím, y de Ben-jamín, y de Manasés: y ven a salvarnos. O! Dios, háznos tornar: y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Jehová Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo te airarás contra la oración de tu pueblo? Dísteles a comer pan de lágrimas: y dísteles a beber lágrimas con medida. Pusístenos por contienda a nuestros vecinos: y nuestros enemigos se burlan de nosotros entre sí. O! Dios de los ejércitos, háznos tornar: y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Hiciste venir la vid de Egipto: echaste a los Gentiles, y la plantaste. Limpiaste el lugar delante de ella: e hiciste arraigar sus raíces, e hinchió la tierra. Los montes fueron cubiertos de su sombra: y sus ramas como cedros de Dios. Enviaste o! Señor, sus ramas hasta la mar: y hasta el río sus mugrones. ¿Por qué aportillaste sus vallados, y la cogieron todos los que pasaron por el camino? Destruyóla el puerco montés, y la pació la bestia del campo. O! Dios de los ejércitos, vuelve ahora: mira desde el cielo, y vé, y visita esta vid. Y la planta que tu diestra plantó: y sobre el mugrón que tú corroboraste para ti. Quemada a fuego está, y talada: perezcan por la reprensión de tu rostro. Sea tu mano sobre el varón de tu diestra: sobre el hijo del hombre que tú corroboraste para ti. Y no nos tornaremos de ti: darnos has vida, e invocaremos tu nombre. O! Jehová, Dios de los ejércitos, háznos tornar, haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
Oración vespertina — primera lectura
¶ Aun estaba hablando, y orando, y confesaba mi pecado, y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios, por el monte santo de mi Dios:
Segunda lectura
Digo pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual antes conoció. ¿O no sabéis lo que dice en Elías la Escritura? cómo se queja a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han muerto, y a tus altares han minado, y yo he quedado solo, y procuran quitarme mi vida. Mas ¿qué le dice la divina respuesta? Yo me he reservado siete mil varones que no han doblado la rodilla delante de la imagen de Baal. Así también, pues, en este tiempo ha quedado un residuo según la elección de la gracia. Y si por gracia, luego no es por obras: de otro modo la gracia ya no es gracia. Mas si por obras, ya no es gracia: de otra manera la obra ya no es obra. ¶ ¿Pues qué? Lo que buscaba Israel, aquello no ha alcanzado; mas la elección lo ha alcanzado; y los demás fueron endurecidos. (Como está escrito: Dióles Dios espíritu de adormecimiento, ojos con que no vean, y oídos con que no oigan;) hasta el día de hoy. Y David dice: Séales hecha su mesa un lazo, y una red, y un tropezadero, y una retribución; Sus ojos sean oscurecidos para que no vean; y agóbiales siempre el espinazo. ¶ Digo pues: ¿Tropezaron luego de tal manera que cayesen del todo? En ninguna manera; antes mas bien por la caída de ellos vino la salud a los Gentiles, para que por ellos fuesen provocados a zelos. Y si la caída de ellos es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos la riqueza de los Gentiles, ¿cuánto más la plenitud de ellos? Porque, a vosotros hablo, Gentiles, en cuanto a la verdad yo soy apóstol de los Gentiles, mi ministerio ensalzo, Si en alguna manera provocase a emulación a los de mi carne, e hiciese salvos a algunos de ellos. Porque si el desechamiento de ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será el recibimiento de ellos, sino vida de los muertos? Porque si el primer fruto es santo, también lo es la masa; y si la raíz es santa, también lo son los ramos. Y si algunos de los ramos fueron quebrados, y tú siendo acebuche has sido injerido en lugar de ellos, y has sido hecho participante de la raíz, y de la grosura de la oliva; No te jactes contra los ramos; mas si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Dirás pues: Los ramos fueron quebrados para que yo fuese injerido. Bien: por su incredulidad fueron quebrados, mas tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, antes teme; Porque si Dios no perdonó a los ramos naturales, teme que a ti tampoco te perdone. Mira pues la bondad, y la severidad de Dios: la severidad ciertamente para con los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permanecieres en su bondad; de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injeridos; que poderoso es Dios para volverlos a injerir. Porque si tú fuiste cortado del natural acebuche, y contra natura fuiste injerido en la buena oliva, ¿cuánto más estos, que son los ramos naturales, serán injeridos en su oliva? Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes; y es, que el endurecimiento en parte ha acontecido a Israel, hasta tanto que entrase la plenitud de los Gentiles. Y así todo Israel será salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, y apartará de Jacob la impiedad. Y éste es mi concierto con ellos, cuando quitaré sus pecados. Así que, en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; mas en cuanto a la elección, son muy amados por causa de los padres. Porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocación de Dios. Porque como también vosotros en algún tiempo no creísteis a Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por ocasión de la incredulidad de ellos; Así también estos ahora no han creído, para que en vuestra misericordia, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos. ¶ ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría, y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e investigables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿o quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le sea pagado? Porque de él, y por él, y en él son todas las cosas. A él sea gloria por los siglos. Amén.
Segunda lectura
Requiérote, pues, yo delante de Dios, y del Señor Jesu Cristo, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos en su manifestación, y en su reino; Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda blandura y doctrina: Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, antes teniendo comezón en las orejas, se amontonarán maestros que les hablen conforme a sus mismas concupiscencias. Y así apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas. Tú por tanto vela en todo, sufre trabajos, haz obra de evangelista, cumple bien tu ministerio: Porque yo ya presto soy sacrificado, y el tiempo de mi desatamiento está cercano. Buena milicia he militado, acabado he la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, el juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida. ¶ Procura de venir presto a mí; Porque Démas me ha desamparado, amando este mundo presente, y es ido a Tesalónica; Crescente a Galacia; Tito a Dalmacia. Lúcas solo está conmigo. Toma a Márcos, y tráele contigo; porque me es útil para el ministerio. A Tíquico envié a Efeso. La capa que dejé en Troas en casa de Carpo, traéla contigo cuando vinieres, y los libros, mayormente los pergaminos. Alejandro el metalero me ha diseñado muchos males: Dios le pague conforme a sus hechos: Del cual tú también te guarda: que en grande manera ha resistido a nuestras palabras. En mi primera defensa ninguno estuvo conmigo; antes me desampararon todos: ruego a Dios no les sea imputado. Mas el Señor estuvo a mi lado, y me esforzó para que por mí fuese cumplida la predicación, y todos los Gentiles la oyesen; y fui librado de la boca del león. Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial: al cual sea gloria por siglos de siglos. Amén. Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesiforo. Erasto se quedó en Corinto; y a Trófimo le dejé en Mileto enfermo. Apresúrate a venir antes del invierno. Eubulo te saluda, y Pudente, y Lino, y Claudia, y todos los hermanos. El Señor Jesu Cristo sea con tu espíritu. La gracia sea con vosotros. Amén. ¶ La segunda a Timoteo, fue escrita de Roma: el cual fue el primer obispo, que fue ordenado en Efeso, cuando Pablo fue presentado la segunda vez a César Nerón.
Segunda lectura
Así pues sed imitadores de Dios, como hijos amados; Y andád en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros por ofrenda y sacrificio a Dios de olor suave. Mas la fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se miente entre vosotros, como conviene a santos: Ni palabras torpes, ni insensatas, ni truhanerías, que no convienen; sino antes hacimientos de gracias. Porque ya habéis entendido esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es un idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo, y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas; porque a causa de estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis pues participantes con ellos. Porque en otro tiempo eráis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor: andád como hijos de luz; (Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, y justicia, y verdad:) Aprobando lo que es agradable al Señor. Y no tengáis parte en las obras infrutuosas de las tinieblas; mas antes reprobadlas. Porque lo que estos hacen en oculto, torpe cosa es aun decirlo. Mas todas las cosas que son reprobadas, son hechas manifiestas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es. Por lo cual dice: Despiértate tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo.
Segunda lectura
Y también ahora, dijo Jehová: Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, y lloro, y llanto. Y rompéd vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios, porque misericordioso es y clemente, luengo de iras y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo. ¿Quién sabe si se convertirá, y se arrepentirá, y dejará bendición tras de él, presente y derramadura para Jehová vuestro Dios? Tocád trompeta en Sión, pregonád ayuno, llamád a congregación. Congregád el pueblo, pregonád congregación, juntád los viejos, congregád los niños, y los que maman: salga de su cámara el novio, y la novia de su tálamo. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes, ministros de Jehová, y digan: Perdona, o! Jehová, a tu pueblo, y no pongas en vergüenza tu heredad, para que las gentes se enseñoreen de ella: ¿por qué han de decir entre los pueblos: Donde está su Dios? ¶ Y Jehová zelará su tierra, y perdonará a su pueblo. Y responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí que yo os envío pan, y mosto, y aceite; y seréis hartos de ellos, y nunca más os pondré en vergüenza entre las gentes. Y haré alejar de vosotros al aquilonar, y echarlo he en la tierra seca y desierta: su haz será hacia el mar oriental, y su fin al mar occidental; y subirá su hedor, y subirá su podrición, porque hizo grandes cosas. Tierra, no temas: alégrate, y gózate; porque Jehová hizo grandes cosas. Animales del campo, no temáis; porque los pastos del desierto reverdecerán, porque los árboles llevarán su fruto, la higuera y la vid darán sus frutos. Vosotros también hijos de Sión, alegráos y regocijáos en Jehová vuestro Dios; porque os dará enseñador de justicia; y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Y las eras se henchirán de trigo; y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y restituiros he los años que comió la oruga, la langosta, el pulgón, el revoltón, mi grande ejército que envié contra vosotros. Y comeréis hasta hartaros; y alabaréis él nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y mi pueblo no será para siempre avergonzado.
Evangelio
Y les propuso también una parábola, para enseñar que es menester orar siempre, y no desalentarse, Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía a Dios, ni respetaba a hombre alguno. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Házme justicia de mi adversario. Mas él no quiso por algún tiempo: empero después de esto, dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre; Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia; porque no venga siempre y al fin me muela. Y dijo el Señor: Oíd lo que dice el juez injusto. ¿Y Dios no defenderá a sus escogidos que claman a él día y noche, aunque sea longánimo acerca de ellos? Os digo que los defenderá presto. Empero el Hijo del hombre, cuando viniere, ¿hallará fe en la tierra? ¶ Y dijo también a unos, que confiaban de sí como justos, y menospreciaban a los otros, esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar, el uno Fariseo, y el otro publicano. El Fariseo puesto en pie oraba consigo de esta manera: Dios, te hago gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros; ni aun como este publicano. Ayuno dos veces en la semana: doy diezmos de todo lo que poseo. Mas el publicano estando lejos, no quería, ni aun alzar los ojos al cielo; mas hería su pecho, diciendo: Dios, ten misericordia de mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado más bien que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado. ¶ Y traían también a él niños para que les tocase, lo cual viéndolo sus discípulos, les reñían. Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejád los niños venir a mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. ¶ Y le preguntó un príncipe, diciendo: ¿Maestro bueno, qué haré para poseer la vida eterna? Y Jesús le dijo: ¿Por qué me dices, bueno? ninguno hay bueno, sino uno solo, Dios. Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra a tu padre, y a tu madre. Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud. Y Jesús oído esto, le dijo: Aun una cosa te falta: todo lo que tienes, véndelo, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oídas estas cosas, se entristeció sobre manera, porque era muy rico. Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios, los que tienen riquezas! Porque más fácil cosa es entrar un camello por un ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios. Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo? Y él les dijo: Lo que es imposible acerca de los hombres, posible es acerca de Dios. Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido. Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. ¶ Y Jesús tomando aparte los doce, les dijo: He aquí, subimos a Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas del Hijo del hombre. Porque será entregado a los Gentiles, y será escarnecido, e injuriado, y escupido; Y después que le hubieren azotado, le matarán; mas al tercero día resucitará. Mas ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta; y no entendían lo que se decía. ¶ Y aconteció, que acercándose él de Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando, El cual como oyó la multitud que pasaba, preguntaba qué era aquello. Y le dijeron: que Jesús Nazareno pasaba. Entonces dio voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí. Y los que iban delante, le reñían para que callase; empero él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí. Jesús entonces parándose, mandó traerle a sí. Y como él llegó, le preguntó, Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea yo. Y Jesús le dijo: Ve: tu fe te ha hecho salvo. Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo como vio esto, dio alabanza a Dios.
Oración vespertina — segunda lectura
Un poco, y no me veréis; y otra vez un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.
Evangelio
¶ Y como vino a los discípulos, vio una grande multitud al derredor de ellos, y los escribas que disputaban con ellos. Y luego toda la multitud, viéndole, se espantó, y corriendo a él, le saludaron. Y preguntó a los escribas: ¿Qué disputáis con ellos? Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje mi hijo a ti, que tiene un espíritu mudo, El cual donde quiera que le toma, le despedaza, y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, le dijo: ¡Oh generación infiel! ¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmele. Y se le trajeron; y como él le vio, luego el espíritu le comenzó a despedazar; y cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Y preguntó a su padre: ¿Cuánto tiempo ha que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño: Y muchas veces le echa en el fuego, y en aguas, para matarle; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros. Y Jesús le dijo: Si puedes creer esto, al que cree todo es posible. Y luego el padre del muchacho dijo, clamando con lágrimas: Creo, Señor: ayuda mi incredulidad. Y como Jesús vio que la multitud concurría, riñó al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. Entonces el espíritu clamando, y despedazándole mucho, salió; y él quedó como muerto, de manera que muchos decían, que era muerto. Mas Jesús tomándole de la mano, le enhestó, y se levantó. Y como él se entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? Y les dijo: Este género de demonios con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
Evangelio
¶ Y los discípulos de Juan, y los de los Fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan, y los de los Fariseos ayunan; y tus discípulos no ayunan? Y Jesús les dice: No pueden ayunar los que son de bodas, cuando el esposo está con ellos: entre tanto que tienen consigo al esposo no pueden ayunar. Mas vendrán días, cuando el esposo será quitado de ellos; y entonces en aquellos días ayunarán. Nadie echa remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y se hace peor rotura. Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.
Evangelio
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano en mí que no lleva fruto, le quita; y todo aquel que lleva fruto, le limpia, para que lleve más fruto. Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado. Permanecéd en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no permaneciere en la vid, así ni vosotros, si no permaneciereis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto (porque sin mí nada podéis hacer.) Si alguno no permaneciere en mí, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y échanlos en el fuego, y arden. Si permaneciereis en mí, y mis palabras permanecieren en vosotros, todo lo que quisiereis pediréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto; así seréis mis discípulos. Como el Padre me amó, también yo os he amado: sed constantes en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor: como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo permanezca en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como yo os amé. Nadie tiene mayor amor que éste, que ponga alguno su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho conocer. No me elegisteis vosotros a mí; mas yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis, y llevéis fruto; y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis los unos a los otros. Si el mundo os aborrece, sabéd que a mí me aborrecía, antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que es suyo; mas porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo. Acordáos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor: si a mí me han perseguido, también a vosotros perseguirán: si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre; porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tuvieran pecado; mas ahora no tienen excusa de su pecado. El que me aborrece, también a mi Padre aborrece. Si yo no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; mas ahora, ellos las han visto, y aborrecen a mí, y a mi Padre. Mas esto sucede, para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron. Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, es a saber, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros también daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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