Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo, y santificóle: porque en él reposó de toda su obra que había creado Dios para hacer. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, en el día en que hizo Jehová Dios la tierra y los cielos, Y toda planta del campo antes que fuese en la tierra; y toda yerba del campo antes que naciese: porque aún no había hecho llover Jehová Dios sobre la tierra; ni aún había hombre, para que labrase la tierra. Y un vapor subía de la tierra, que regaba toda la haz de la tierra. ¶ Formó pues Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz soplo de vida: y fue el hombre en ánima viviente. Y había plantado Jehová Dios un huerto en Edén al oriente, y puso allí al hombre que formó. Había también hecho producir Jehová Dios de la tierra todo árbol deseable a la vista, y bueno para comer; y el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de ciencia de bien y de mal. Y salía un río de Edén para regar el huerto, y desde allí se repartía en cuatro cabezas. El nombre del uno era Fisón: este es el que cerca toda la tierra de Hevila, donde hay oro: Y el oro de aquella tierra es bueno: hay allí también bedelio, y piedra cornerina. El nombre del segundo río es Gijón: este es el que cerca toda la tierra de Etiopía. Y el nombre del tercer río es Jidekel: este es el que va hacia el oriente de la Asiria. Y el cuarto río es Éufrates. Tomó pues Jehová Dios al hombre, y púsole en el huerto de Edén, para que le labrase, y le guardase. ¶ Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás: Mas del árbol de ciencia de bien y de mal, no comerás de él: porque el día que de él comieres, morirás. Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo: hacerle he ayuda que esté delante de él. ¶ Formó pues Jehová Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y trájolas a Adam, para que viese como las había de llamar: y todo lo que Adam llamó a alma viviente, eso es su nombre. Y puso Adam nombres a toda bestia, y a ave de los cielos, y a todo animal del campo: mas para Adam no halló ayuda, que estuviese delante de él. ¶ E hizo caer Jehová Dios sueño sobre el hombre, y adormecióse; y tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y edificó Jehová Dios la costilla que tomó del hombre, en mujer, y trájola al hombre. Y dijo el hombre: Esta vez, hueso de mis huesos, y carne de mi carne. Esta será llamada Varona, porque del Varón fue tomada esta. Por tanto el varón dejará a su padre y a su madre, y allegarse ha a su mujer, y serán por una carne. Y estaban ambos desnudos, Adam y su mujer, y no se avergonzaban.
Primera lectura
Y Jehová dijo a Moisés: Entra a Faraón, porque yo he agravado su corazón, y el corazón de sus siervos, para dar entre ellos estas mis señales: Y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales, que yo di entre ellos: y para que sepáis que yo soy Jehová. Entonces vino Moisés y Aarón a Faraón, y dijéronle: Jehová, el Dios de los Hebreos, ha dicho así: ¿Hasta cuando no querrás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que me sirvan: Y si aun rehusas de dejarle ir, he aquí que yo traeré mañana langosta en tus términos, La cual cubrirá la haz de la tierra, que la tierra no pueda ser vista, y ella comerá lo que quedó salvo, lo que os ha quedado del granizo: y comerá todo árbol que os produce fruto en el campo. Y henchirse han tus casas; y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los Egipcios, cual nunca vieron tus padres, ni tus abuelos desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y volvióse, y salió de con Faraón. Entonces los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo nos ha de ser este por lazo? Deja ir estos hombres, para que sirvan a Jehová su Dios: ¿Aun no sabes que Egipto está destruido? Y Moisés y Aarón fueron tornados a llamar a Faraón, el cual les dijo: Andád, servíd a Jehová vuestro Dios. ¿Quién y quién son los que han de ir? Y Moisés respondió: Nosotros hemos de ir con nuestros niños, y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas: con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque tenemos solemnidad de Jehová. Y él les dijo: Así sea Jehová con vosotros como yo os dejaré ir a vosotros y a vuestros niños: mirád la malicia que está delante de vuestro rostro. No será así. Andád ahora los varones, y servíd a Jehová; porque esto es lo que vosotros demandasteis. Y echáronlos de delante de Faraón. ¶ Entonces Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para langosta, para que suba sobre la tierra de Egipto; y pazca todo lo que el granizo dejó. Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehová trajo un viento oriental sobre la tierra todo aquel día, y toda aquella noche; y a la mañana el viento oriental trajo la langosta. Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y asentóse en todos los términos de Egipto, en gran manera grave: antes de ella no hubo tal langosta; ni después de ella vendrá otra tal. Y cubrió la haz de toda la tierra, y la tierra se oscureció, y comió toda la yerba de la tierra, y todo el fruto de los árboles, que había dejado el granizo, que no quedó cosa verde en árboles ni en la yerba del campo por toda la tierra de Egipto. ¶ Entonces Faraón hizo llamar a priesa a Moisés y a Aarón, y dijo: Yo he pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros. Mas yo ruego ahora que perdones mi pecado solamente esta vez, y que oréis a Jehová vuestro Dios, que quite de mí solamente esta muerte. Y salió de con Faraón, y oró a Jehová. Y Jehová volvió un viento occidental fortísimo, y quitó la langosta, y echóla en el mar Bermejo: ni aun una langosta quedó en todo el término de Egipto. Y Jehová endureció el corazón de Faraón, y no envió los hijos de Israel. ¶ Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que sean tinieblas sobre la tierra de Egipto, tales que cualquiera las palpe. Y extendió Moisés su mano hacia el cielo; y fueron tinieblas oscuras tres días por toda la tierra de Egipto. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones. ¶ Entonces Faraón hizo llamar a Moisés, y dijo: Id, servíd a Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas; vayan también vuestros niños con vosotros. Y Moisés respondió: Tú también nos darás en nuestras manos sacrificios y holocaustos; que sacrifiquemos a Jehová nuestro Dios. Nuestros ganados irán también con nosotros: no quedará ni aun una uña; porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehová nuestro Dios: que tampoco nosotros sabemos, aun con qué hemos de servir a Jehová, hasta que vengamos allá. Mas Jehová endureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir. Y díjole Faraón: Vete de mí, guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día, que vieres mi rostro, morirás. Y Moisés respondió: Bien has dicho: yo no veré más tu rostro.
Primera lectura
Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y díles: Santos seréis, porque santo soy yo, Jehová vuestro Dios. Cada uno temerá a su madre, y a su padre; y mis sábados guardaréis: Yo Jehová vuestro Dios. No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición: Yo Jehová vuestro Dios. Y cuando sacrificaréis sacrificio de paces a Jehová, de vuestra voluntad lo sacrificaréis. El día que lo sacrificaréis, será comido, y el día siguiente: y lo que quedare para el tercero día, será quemado en el fuego. Y si se comiere el día tercero, será abominación: no será acepto. Y el que lo comiere, llevará su delito, por cuanto profanó la santidad de Jehová: y la tal persona será cortada de sus pueblos. Cuando segareis la siega de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu haza, ni espigarás tu segada. Ítem, no rebuscarás tu viña, ni cogerás los granos de tu viña: para el pobre y para el extranjero los dejarás: Yo Jehová, vuestro Dios. No hurtaréis: y no negaréis: y no mentiréis ninguno a su prójimo. Y no juraréis en mi nombre con mentira: ni ensuciarás el nombre de tu Dios: Yo Jehová. No oprimirás a tu prójimo, ni robarás. No se detendrá el trabajo del jornalero en tu casa hasta la mañana. No maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tropezón, mas habrás temor de tu Dios: Yo Jehová. No harás injusticia en el juicio: no tendrás respeto al pobre, ni honrarás la faz del grande: con justicia juzgarás a tu prójimo. No andarás chismeando en tus pueblos. No te pondrás contra la sangre de tu prójimo: Yo Jehová. No aborrecerás a tu hermano en tu corazón: reprendiendo reprenderás a tu prójimo, y no consentirás sobre el pecado. No te vengarás, ni guardarás la injuria a los hijos de tu pueblo; mas amarás a tu prójimo, como a ti mismo: Yo Jehová.
Oración matutina — primera lectura
Clama a alta voz, no detengas: alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como nación que hubiese obrado justicia, y que no hubiese dejado el derecho de su Dios: pregúntanme derechos de justicia, y quieren acercarse de Dios. ¿Por qué ayunamos, y no hiciste caso: humillamos nuestras almas, y no lo supiste? He aquí que en el día de vuestro ayuno halláis lo que queréis, y todos pedís vuestras haciendas. He aquí que para contiendas y debates ayunáis; y para herir del puño malamente. No ayunéis como hasta aquí, para que sea oída en lo alto vuestra voz. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que encorve su cabeza como junco, y haga cama de saco y ceniza? ¿Esto llamaréis ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es antes el ayuno que yo escogí, desatar los líos de impiedad, deshacer los haces de opresión, y soltar libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿Que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres vagabundos metas en casa: cuando vieres al desnudo, le cubras; y que no te escondas de tu carne? Entonces nacerá tu luz como el alba; y tu sanidad reverdecerá presto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová te recogerá. Entonces invocarás, y oírte ha Jehová: clamarás, y dirá: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el extender el dedo, y hablar vanidad; Y si derramares tu alma al hambriento, y hartares el alma afligida: en las tinieblas nacerá tu luz; y tu oscuridad será como el mediodía. Y pastorearte ha Jehová siempre, y en las sequedades hartará tu alma, y engordará tus huesos; y serás como huerta de riego, y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan. Y edificarán de ti los desiertos antiguos: los cimientos caídos de generación y generación levantarás; y serás llamado, reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; y le venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando palabra:
Epístola
Y también ahora, dijo Jehová: Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, y lloro, y llanto. Y rompéd vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios, porque misericordioso es y clemente, luengo de iras y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo. ¿Quién sabe si se convertirá, y se arrepentirá, y dejará bendición tras de él, presente y derramadura para Jehová vuestro Dios? Tocád trompeta en Sión, pregonád ayuno, llamád a congregación. Congregád el pueblo, pregonád congregación, juntád los viejos, congregád los niños, y los que maman: salga de su cámara el novio, y la novia de su tálamo. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes, ministros de Jehová, y digan: Perdona, o! Jehová, a tu pueblo, y no pongas en vergüenza tu heredad, para que las gentes se enseñoreen de ella: ¿por qué han de decir entre los pueblos: Donde está su Dios? ¶ Y Jehová zelará su tierra, y perdonará a su pueblo. Y responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí que yo os envío pan, y mosto, y aceite; y seréis hartos de ellos, y nunca más os pondré en vergüenza entre las gentes.
Primera lectura
Consolád, consolád a mi pueblo, dice vuestro Dios. Hablád según el corazón de Jerusalem: decídle a voces que su tiempo es ya cumplido: que su pecado es perdonado: que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados. Voz que clama en el desierto: Barréd camino a Jehová, enderezád calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y todo monte y collado se abaje, y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y la gloria de Jehová se manifestará; y toda carne juntamente verá; que la boca de Jehová habló. ¶ Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo de decir a voces? Toda carne yerba; y toda su gloria como flor del campo. La yerba se seca, y la flor se cae; porque el viento de Jehová sopló en ella. Ciertamente yerba es el pueblo. Sécase la yerba, cáese la flor: mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre. Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión: levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalem: levanta, no temas. Di a las ciudades de Judá: Ved aquí el Dios vuestro. He aquí que el Señor Jehová vendrá con fortaleza, y su brazo se enseñoreará. He aquí que su salario viene con él, y su obra delante de su rostro. Como pastor apacentará su rebaño: en su brazo cogerá los corderos, y en su sobaco los llevará: pastoreará suavemente las paridas. ¶ ¿Quién midió las aguas con su puño; y aderezó los cielos con su palmo; y con tres dedos apañó el polvo de la tierra; y pesó los montes con balanza; y los collados con peso? ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole? ¿A quién demandó consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la carrera de prudencia? He aquí que las naciones son estimadas como la gota de un acetre; y como el orín del peso: he aquí que hace desaparecer las islas como un polvo. Ni todo el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para sacrificio. Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es. ¿A qué pues haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis? El artífice apareja la imagen de talla: el platero la extiende el oro, y el platero le funde cadenas de plata. El pobre escoge para ofrecerle madera que no se corrompa: búscase un maestro sabio, que le haga una imagen de talla de manera que no se mueva. ¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? El está asentado sobre el globo de la tierra, cuyos moradores le son como langostas: él extiende los cielos como una cortina, tiéndelos como una tienda para morar. El torna en nada los poderosos; y a los que gobiernan la tierra, hace como que no hubieran sido. Como si nunca fueran plantados, como si nunca fueran sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la tierra; y aun soplando en ellos se secan, y el torbellino los lleva como hojarascas. ¿Y a qué me haréis semejante para que sea semejante, dice el Santo? Levantád en alto vuestros ojos y mirád quien creó estas cosas: él saca por cuenta su ejército: a todas llama por sus nombres: ninguna faltará por la multitud de sus fuerzas, y por la fortaleza de la fuerza. ¿Por qué dices Jacob, y hablas Israel: Mi camino es escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido? ¿No has oído, que el Dios del siglo es Jehová, el cual creó los términos de la tierra? No se trabaja, ni se fatiga con cansancio; y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los mancebos se fatigan, y se cansan: los mozos cayendo caen: Mas los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán las alas como águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.
Oración matutina — segunda lectura
¶ Y volvió a salir a la mar, y toda la multitud venía a él, y les enseñaba. Y pasando vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose, le siguió. Y aconteció, que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores se sentaban también juntamente con Jesús, y con sus discípulos; porque había muchos, y le seguían. Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con publicanos, y con pecadores, dijeron a sus discípulos: ¿Qué es esto, que vuestro Maestro come y bebe con publicanos, y con pecadores? Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que tienen mal. No he venido a llamar a los justos, mas los pecadores a arrepentimiento. ¶ Y los discípulos de Juan, y los de los Fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan, y los de los Fariseos ayunan; y tus discípulos no ayunan? Y Jesús les dice: No pueden ayunar los que son de bodas, cuando el esposo está con ellos: entre tanto que tienen consigo al esposo no pueden ayunar. Mas vendrán días, cuando el esposo será quitado de ellos; y entonces en aquellos días ayunarán. Nadie echa remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y se hace peor rotura. Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. ¶ Y aconteció, que pasando él por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron a arrancar espigas.
Salmo responsorial
Cantád con júbilo a Dios los de toda la tierra. Servíd a Jehová con alegría: entrád delante de él con regocijo. Sabéd que Jehová, él es el Dios: él nos hizo, y no nosotros a nosotros: pueblo suyo somos, y ovejas de su pasto. Entrád por sus puertas con confesión, por sus patios con alabanza: alabádle, bendecíd a su nombre. Porque Jehová es bueno, para siempre es su misericordia: y hasta en generación y generación su verdad.
Evangelio
¶ Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros: que demudan sus rostros para parecer a los hombres que ayunan. De cierto os digo, que ya tienen su galardón. Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro, Para no parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará en lo público. ¶ No hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan, y hurtan; Mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan. Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.
Salmo responsorial
Escucha, o! Dios, mi oración; y no te escondas de mi suplicación. Estáme atento, y respóndeme; que doy voces hablando, y estoy desasosegado, Por la voz del enemigo, por el aprieto del impío; porque echaron sobre mí iniquidad, y con furor me han amenazado. Mi corazón está doloroso dentro de mí: y terrores de muerte han caído sobre mí. Temor y temblor vino sobre mí; y terror me ha cubierto. Y dije: ¿Quién me diese alas como de paloma? volaría, y descansaría. Ciertamente huiría lejos: moraría en el desierto. Selah. Apresuraríame a escapar del viento tempestuoso, de la tempestad. ¶ Deshace, o! Señor, divide la lengua de ellos: porque he visto violencia y rencilla en la ciudad. Día y noche la cercaron sobre sus muros: e iniquidad y trabajo hay en medio de ella. Agravios hay en medio de ella; y nunca se aparta de sus plazas fraude y engaño. Porque no me afrentó enemigo, que entonces suportáralo: ni el que me aborrecía se engrandeció contra mí, que entonces escondiérame de él. Mas tú, hombre según mi estimación, mi señor, y mi familiar. Porque juntos comunicábamos suavemente los secretos: en la casa de Dios andábamos en compañía. Condenados sean a muerte, desciendan al infierno vivos: porque hay maldades en su compañía, entre ellos. ¶ Yo a Dios clamaré; y Jehová me salvará. Tarde, y mañana, y a mediodía hablo y estoy gimiendo: y él oirá mi voz. Redimió en paz mi alma de la guerra contra mí; porque muchos fueron contra mí. Dios oirá, y los quebrantará, y el que permanece desde la antigüedad. Selah. Por cuanto no se mudan, ni temen a Dios. Extendió sus manos contra sus pacíficos: violó su pacto. Ablandan más que manteca las palabras de su boca, mas guerra en su corazón: enternecen sus palabras más que el aceite, mas ellas son espadas. Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará: no dará para siempre resbalo al justo. Y tú, o! Dios, les harás descender al pozo de la sepultura; los varones de sangre, y engañadores no llegarán a la mitad de sus días: mas yo confiaré en ti.
Salmo responsorial
Dios, desechástenos, disipástenos; airástete, vuélvete a nosotros. Hiciste temblar la tierra, abrístela; sana sus quebraduras, porque titubea. Hiciste ver a tu pueblo duras cosas: hicístenos beber vino de temblor. Has dado a los que te temen una bandera que alcen por amor de la verdad. Selah. Para que se escapen tus amados: salva con tu diestra, y óyeme. Dios habló en su santidad: Yo me alegraré: partiré a Siquem, y mediré al valle de Socot. Mío es Galaad, y mío es Manasés: y Efraím es la fortaleza de mi cabeza; Judá mi legislador; Moab, la olla de mi lavatorio: sobre Edom echaré mi zapato; sobre mí triunfa, o! Palestina. ¿Quién me llevará a la ciudad fortalecida? ¿quién me llevará hasta Idumea? Ciertamente tú, o! Dios, que nos habías desechado; y no salías, o! Dios, con nuestros ejércitos. Dános socorro contra el enemigo, que vana es la salud de los hombres. En Dios haremos proezas; y él pisará nuestros enemigos.
Salmo responsorial
¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has dejado? ¿estás lejos de mi salud, de las palabras de mi gemido? Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio. Y tú, santo, habitante, alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres: esperaron, y los salvaste. Clamaron a ti, y fueron librados: esperaron en ti, y no se avergonzaron. Y yo, gusano, y no varón: vergüenza de hombres y desecho del pueblo. Todos los que me ven, escarnecen de mí: echan de los labios, menean la cabeza. Remítese a Jehová, líbrele, que le quiere bien. Empero tú eres el que me sacó del vientre: el que me haces esperar desde los pechos de mi madre. Sobre ti estoy echado desde la matriz: desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca: porque no hay quien ayude. Rodeáronme muchos toros: fuertes toros de Basán me cercaron. Abrieron sobre mí su boca, como león que hace presa y que brama. Como aguas me escurrí, y descoyuntáronse todos mis huesos: mi corazón fue como cera desliéndose en medio de mis entrañas. Secóse como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mis paladares: y en el polvo de la muerte me has puesto. Porque me rodearon perros: cercáronme cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies. Contaría todos mis huesos: ellos miran, me consideran: Partieron entre sí mis vestidos: y sobre mi ropa echaron suertes. Mas tú, Jehová, no te alejes: fortaleza mía, apresúrate para mi socorro. Escapa de la espada mi alma; de poder del perro mi única. Sálvame de la boca del león: y de los cuernos de los unicornios óyeme. ¶ Contaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la congregación te alabaré. Los que teméis a Jehová, alabádle; toda la simiente de Jacob, glorificádle; y teméd de él toda la simiente de Israel. Porque no menospreció, ni abominó, la aflicción del pobre, ni escondió su rostro de él: y cuando clamó a él, le oyó. De ti será mi alabanza en la grande congregación: mis votos pagaré delante de los que le temen. Comerán los pobres, y hartarse han: alabarán a Jehová los que le buscan: vivirá vuestro corazón para siempre. Acordarse han, y volverse han a Jehová todos los términos de la tierra; y humillarse han delante de ti todas las familias de las gentes. Porque de Jehová es el reino: y él se enseñoreará de las naciones. Comieron, y adoraron todos los gruesos de la tierra: delante de él se arrodillaron todos los que descienden al polvo: y sus almas no vivificaron. La simiente le servirá: será contada a Jehová perpetuamente. Vendrán, y anunciarán al pueblo que naciere, su justicia que él hizo.
Oración vespertina — primera lectura
Y fue palabra de Jehová segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate, y vé a Nínive aquella gran ciudad, y pregona en ella el pregón que yo te diré. Y levantóse Jonás, y fue a Nínive, conforme a la palabra de Jehová. Y Nínive era ciudad grande en gran manera, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad camino de un día, y pregonaba, diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida. Y los varones de Nínive creyeron a Dios; y pregonaron ayuno, y vistiéronse de sacos, desde el mayor de ellos hasta el menor de ellos. Y llegó el negocio hasta el rey de Nínive, y levantóse de su trono, y echó de sí su vestido, y cubrióse de saco, y asentóse sobre ceniza. E hizo pregonar, y decir: En Nínive, por mandado del rey, y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa, ni se les dé pasto, ni beban agua. Y los hombres, y los animales se cubran de sacos, y clamen a Dios fuertemente; y cada uno se convierta de su mal camino, de la rapiña que está en sus manos. ¿Quién sabe si se convertirá, y se arrepentirá Dios; y se convertirá del furor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, porque se convirtieron de su mal camino; y arrepintióse del mal que había dicho que les había de hacer, y no lo hizo.
Segunda lectura
Dios, que habló muchas veces, y en muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, Nos ha hablado en estos postreros días por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por quien asimismo hizo los siglos; El cual siendo el resplandor de su gloria, y la imagen expresa de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se asentó a la diestra de la majestad en las alturas; Siendo hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos. ¿Porque a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy? Y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí Hijo? Y otra vez, cuando introduce al primogénito en la redondez de la tierra, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios. Y ciertamente con respecto a los ángeles dice: El que hace sus ángeles espíritus, y a sus ministros, llama de fuego. Mas al Hijo: Tu trono, oh Dios, por los siglos de los siglos: cetro de rectitud el cetro de tu reino. Amaste la justicia, y aborreciste la maldad; por esto Dios, tu Dios, te ungió, con el aceite de alegría más que a tus compañeros. Y: Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra; y los cielos son obras de tus manos: Ellos perecerán, mas tú eres permanente; y todos ellos envejecerse han como vestidura; Y como un manto los envolverás, y serán mudados: tú empero eres el mismo, y tus años nunca se acabarán. Además, ¿a cuál de los ángeles dijo él jamás: Asiéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para ministrar por aquellos, que serán herederos de salud?
Segunda lectura
Resta, hermanos, que os regocijéis en el Señor. Escribiros las mismas cosas, a mí ciertamente no me es gravoso, mas para vosotros es seguro. Guardáos de los perros, guardáos de los malos obreros, guardáos de la concisión. Porque nosotros somos la circuncisión, los que servimos en espíritu a Dios, y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si a alguno le parece que tiene de qué confiar en la carne, yo más que nadie: Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, Hebreo de Hebreos; en cuanto a la ley, Fariseo; En cuanto a zelo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, de vida irreprensible. Mas aquellas cosas que me eran por ganancia, las tuve por pérdida por amor de Cristo. Y aun más, que ciertamente todas las cosas tengo por pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús Señor mío; por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol por ganar a Cristo, Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es de la ley, sino la que es por medio de la fe de Cristo, la justicia de Dios por fe: Por conocerle a él, y a la virtud de su resurrección, y la comunión de sus padecimientos, siendo configurado a su muerte: Si en alguna manera llegase a la resurrección de los muertos. No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; mas sigo adelante por si pueda echar mano de aquello, por lo cual Cristo también echó mano de mí. Hermanos no pienso que yo mismo lo haya alcanzado; empero una cosa hago, y es, que olvidando ciertamente lo que queda atrás, mas extendiéndome a lo que está delante, Me apresuro hacia el blanco, por el premio de la vocación celestial de Dios en Cristo Jesús. Así que todos los que somos perfectos, tengamos estos mismos sentimientos; y si en alguna cosa los tenéis diferentes, esto también os revelará Dios. Empero a lo que hemos ya llegado, vamos por la misma regla, y sintamos una misma cosa. ¶ Hermanos, sed juntamente imitadores de mí, y mirád los que anduvieren así, como nos tenéis a nosotros por dechado. (Porque muchos andan, de los cuales os he dicho muchas veces, y ahora también lo digo, aun llorando, que enemigos son de la cruz de Cristo: Cuyo fin es la perdición: cuyo dios es el vientre, y su gloria es en la confusión de ellos, que piensan solo en lo terreno.) ¶ Mas nuestra vivienda es en los cielos, de donde también esperamos el Salvador, al Señor Jesu Cristo; El cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para que sea hecho semejante a su cuerpo glorificado, según el poder eficiente por el cual puede también sujetar a sí todas las cosas.
Segunda lectura
Esto empero digo: El que siembra con escasez, con escasez también segará; y el que siembra con abundancia, con abundancia también segará. Cada uno como propuso en su corazón, así dé, no con tristeza, o por necesidad; porque Dios ama el dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, para que teniendo siempre en todo, todo lo que habéis menester, abundéis para toda obra buena: Como está escrito: Derramó; dio a los pobres; su justicia permanece para siempre. Y el que da la simiente al que siembra, también dará pan para comer; y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia; Para que enriquecidos en todo, abundéis en toda liberalidad, la cual obra por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Porque la administración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, mas también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; Mientras ellos, por la experiencia de esta administración, glorifican a Dios por vuestra sujeción que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra repartición para con ellos, y para con todos; Y por la oración de ellos por vosotros, los cuales os aman de corazón a causa de la eminente gracia de Dios en vosotros, Gracias a Dios por su inenarrable don.
Segunda lectura
¶ En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra en los librados de Israel. Y acontecerá que el que quedare en Sión, y el que fuere dejado en Jerusalem, se llame santo: todos los que quedaren en Jerusalem escritos entre los vivientes: Cuando el Señor lavare las inmundicias de las hijas de Sión, y limpiare las sangres de Jerusalem de en medio de ella, con espíritu de juicio, y con espíritu de abrasamiento. ¶ Y creará Jehová sobre toda la morada del monte de Sión, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas; porque sobre toda gloria habrá cobertura. Y habrá sombrajo para sombra contra el calor del día, para acogida y escondedero contra el turbión, y contra el aguacero.
Evangelio
Y como llegaron cerca de Jerusalem, de Betfage, y de Betania, al monte de las Olivas, envía dos de sus discípulos, Y les dice: Id al lugar que está delante de vosotros, y luego entrados en él, hallaréis un pollino atado, sobre el cual ningún hombre ha subido: desatádle, y traédle. Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? Decíd que el Señor lo ha menester; y luego le enviará acá. Y fueron, y hallaron el pollino atado a la puerta fuera, entre dos caminos; y le desatan. Y unos de los que estaban allí, les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus vestidos, y él se sentó sobre él. Y muchos tendían sus vestidos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. Y los que iban delante, y los que iban detrás aclamaban, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! Bendito sea el reino de nuestro padre David, que viene en el nombre del Señor: ¡Hosanna en las alturas! Y entró Jesús en Jerusalem, y en el templo; y habiendo mirado al derredor todas las cosas, y siendo ya tarde, se salió a Betania con los doce. ¶ Y el día siguiente, como salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera, que tenía hojas, vino a ver si quizá hallaría en ella algo, y como vino a ella, nada halló sino hojas; porque aun no era tiempo de higos. Entonces Jesús respondiendo, dijo a la higuera: Nunca más nadie coma de ti fruto para siempre. Y esto lo oyeron sus discípulos. Vienen pues a Jerusalem; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas. Y no consentía que alguien llevase vaso por el templo. Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito, que mi casa, casa de oración será llamada de todas las naciones? mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y oyéronlo los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban como le matarían; porque le tenían miedo, por cuanto toda la multitud estaba fuera de sí por su doctrina. Mas como fue tarde, Jesús salió de la ciudad. Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro acordándose, le dice: Maestro, he aquí, la higuera que maldijiste se ha secado. Y respondiendo Jesús, les dice: Tenéd fe de Dios. Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Quítate, y échate en la mar; y no dudare en su corazón, mas creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho. Por tanto os digo, que todo lo que orando pidiereis, creéd que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estuviereis orando, perdonád, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos, os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos, os perdonará vuestras ofensas. ¶ Y volvieron a Jerusalem; y andando él por el templo, vienen a él los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos, Y le dicen: ¿Con qué facultad haces estas cosas, y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas? Y Jesús entonces respondiendo, les dice: Preguntaros he también yo una palabra, y respondédme, y os diré con que facultad hago estas cosas. ¿El bautismo de Juan, era del cielo, o de los hombres? Respondédme. Entonces ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo, dirá: ¿Por qué pues no le creísteis? Y si dijéremos: De los hombres, tememos al pueblo; porque todos tenían de Juan, que verdaderamente era profeta. Y respondiendo, dicen a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dice: Tampoco yo os diré con que facultad hago estas cosas.
Oración vespertina — segunda lectura
Reducíd pues a vuestro pensamiento a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando: Que aun no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado. Y estáis ya olvidados de la exhortación que como con hijos habla con vosotros, diciendo: Hijo mío, no menosprecies el castigo del Señor, ni desmayes cuando eres de él reprendido; Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo. Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el Padre no castiga? Empero si estáis fuera del castigo, del cual todos los hijos han sido hechos participantes, luego adulterinos sois que no hijos: También tuvimos a la verdad por castigadores a los padres de nuestra carne, y los reverenciábamos, ¿por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Porque aquellos a la verdad por pocos días nos castigaban como a ellos les parecía; mas éste para lo que nos es provechoso, a fin de que participemos de su santidad. Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; empero después fruto quietísimo de justicia da a los que por él son ejercitados. Por lo cual enhestád las manos cansadas, y las rodillas descoyuntadas; Y hacéd derechos pasos a vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera de camino; sino antes bien sea sanado. Seguíd la paz con todos; y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os perturbe, y por ella muchos sean contaminados. Que ninguno sea fornicario, o profano, como Esaú, que por una vianda vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después deseando heredar la bendición, fue reprobado, que no halló lugar de arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. Porque no os habéis llegado al monte palpable y que ardía con fuego, y al turbión, y a la oscuridad, y a la tempestad,
Evangelio
Principio del evangelio de Jesu Cristo, Hijo de Dios. Como está escrito en los profetas: He aquí, yo envío a mi mensajero delante de tu faz, que apareje tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto: Aparejád el camino del Señor: hacéd derechas sus veredas. Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para remisión de pecados. Y salía a él todo el país de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos bautizados por él en el río del Jordán, confesando sus pecados. Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero al rededor de sus lomos; y comía langostas, y miel montés. Y predicaba, diciendo: Viene en pos de mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos. Yo a la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con el Espíritu Santo. ¶ Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, subiendo del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu, como paloma, que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos, que decía: Tú eres mi Hijo amado: en ti tomo contentamiento. Y luego el Espíritu le impele al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días; y era tentado de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.
Evangelio
Y andando junto a la mar de Galilea, vio a Simón, y a Andrés su hermano, que echaban la red en la mar, porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Veníd en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y luego, dejadas sus redes, le siguieron. Y pasando de allí un poco más adelante, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la nave, que aderezaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la nave con los jornaleros, fueron en pos de él. ¶ Y entraron en Capernaum; y luego los sábados entrando en la sinagoga enseñaba. Y se pasmaban de su doctrina; porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Evangelio
Y como se acercaron a Jerusalem, y vinieron a Betfage, al monte de las Olivas, entonces Jesús envió dos discípulos, Diciéndoles: Id a la aldea que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella: desatádla, y traédmelos. Y si alguno os dijere algo, decíd: El Señor los ha menester; y luego los dejará. Y todo esto fue hecho, para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Decíd a la hija de Sión: He aquí, tu Rey te viene, manso, y sentado sobre una asna y un pollino, hijo de animal de yugo. Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó. Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos, y se sentó sobre ellos. Y muy mucha gente tendían sus mantos en el camino; y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino. Y las multitudes que iban delante, y las que iban detrás aclamaban, diciendo: Hosanna al Hijo de David: Bendito el que viene en el nombre del Señor: Hosanna en las alturas. Y entrando él en Jerusalem, toda la ciudad se alborotó, diciendo: ¿Quién es éste? Y las multitudes decían: Este es Jesús, el profeta, de Nazaret de Galilea. ¶ Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera todos los que vendían y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas. Y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho. Entonces vinieron a él ciegos y cojos en el templo, y los sanó. ¶ Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y los muchachos aclamando en el templo, y diciendo: Hosanna al Hijo de David: se enojaron, Y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesús les dice: Si: ¿Nunca leísteis: De la boca de los niños, y de los que maman perfeccionaste la alabanza? Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad a Betania; y posó allí. ¶ Y por la mañana volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca más nazca de ti fruto para siempre. Y luego la higuera se secó. Entonces viendo esto los discípulos, maravillados decían: ¡Cómo se secó luego la higuera! Y respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no solo haréis esto de la higuera, mas si a este monte dijereis: Quítate, y échate en la mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis con oración creyendo, lo recibiréis. ¶ Y como vino al templo, los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo llegaron a él, cuando estaba enseñando, diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿y quién te dio esta autoridad? Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os preguntaré una palabra; la cual si me dijereis, también yo os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿del cielo, o de los hombres? Ellos entonces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; nos dirá: ¿Por qué pues no le creísteis? Y si dijéremos: De los hombres; tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Ni yo os diré con qué autoridad hago esto. ¶ Mas, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Y respondiendo él, dijo: No quiero: mas después arrepentido, fue. Y llegando al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Yo, Señor, voy; y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Dicen ellos: El primero. Díceles Jesús: De cierto os digo, que los publicanos, y las rameras os van delante al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan por vía de justicia, y no le creísteis; y los publicanos, y las rameras le creyeron; y vosotros viendo esto nunca os arrepentisteis para creerle. ¶ Oíd otra parábola: Fue un hombre, padre de familias, el cual plantó una viña, y la cercó de vallado, y fundó en ella lagar, y edificó torre, y la dio a renta a labradores, y se partió lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. Envió otra vez otros siervos más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Y a la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero: veníd, matémosle, y tomemos su herencia. Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Dícenle ellos: A los malos destruirá malamente; y su viña dará a renta a otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos. Díceles Jesús: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, esta fue hecha por cabeza de la esquina: por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que haga el fruto de él. Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, desmenuzarle ha. Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos. Y buscando como echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenían por profeta.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.

