Bosko

Today's Readings

The Scripture readings appointed for today, with the full text in your language. Follow the daily readings for your tradition, every morning, in the Bosko app.

Morning Prayer — First Lesson

Lamentations 4

¡Cómo se ha oscurecido el oro, el buen oro se ha trocado! las piedras del santuario son esparcidas por las encrucijadas de todas las calles. Los hijos de Sión preciados, y estimados más que el oro puro, ¡cómo son tenidos por vasos de barro, obra de manos del ollero! Aun las serpientes sacan la teta, dan de mamar a sus chiquitos: la hija de mi pueblo cruel, como los avestruces en el desierto. La lengua del niño de teta de sed se pegó a su paladar: los chiquitos pidieron pan, no hubo quien se lo partiese. Los que comían delicadamente fueron asolados en las calles: los que se criaron en carmesí abrazaron los estiércoles. Y aumentóse la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, que fue trastornada en un momento, y no asentaron sobre ella compañías. Sus Nazareos fueron blancos más que la nieve, más resplandecientes que la leche: su compostura más encendida que las piedras preciosas cortadas del zafiro. Oscura más que la negrura es la forma de ellos: no los conocen por las calles: su cuero está pegado a sus huesos, seco como un palo. Más dichosos fueron los muertos a espada, que los muertos de la hambre; porque estos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra. Las manos de las mujeres piadosas cocieron a sus hijos: fuéronles comida en el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. Cumplió Jehová su enojo: derramó el calor de su ira; y encendió fuego en Sión, que consumió sus fundamentos. Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan el mundo creyeron, que el enemigo, y el adversario entrara por las puertas de Jerusalem. Por los pecados de sus profetas, por las maldades de sus sacerdotes, derramaron en medio de ella la sangre de los justos. Titubearon ciegos en las calles: fueron contaminados en sangre, que no pudiesen tocar a sus vestiduras. Dábanles voces: Apartáos, es inmundo, apartáos, apartáos, no toquéis; porque eran contaminados; y desde que fueron traspasados, dijeron entre las naciones: Nunca más morarán. La ira de Jehová los apartó: nunca más los mirará; porque no reverenciaron la presencia de los sacerdotes, de los viejos no tuvieron compasión. Aun nos han desfallecido nuestros ojos tras nuestro vano socorro: con nuestra esperanza esperamos nación que no puede salvar. Cazáronnos nuestros pasos, que no anduviésemos por nuestras calles: acercóse nuestro fin, cumpliéronse nuestros días; porque nuestro fin vino. Ligeros fueron nuestros perseguidores, más que las águilas del cielo: sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos espiaron. El resuello de nuestras narices, el ungido de Jehová fue preso en sus hoyos, de quien habíamos dicho: En su sombra tendremos vida entre las gentes. ¶ Gózate, y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Hus: aun hasta ti pasará el cáliz: embriagarte has, y vomitarás. Cumplido es tu castigo, o! hija de Sión: nunca más te hará trasportar: visitará tu iniquidad, o! hija de Edom: descubrirá tus pecados.

Morning Prayer — Second Lesson

Acts 12

Y en el mismo tiempo el rey Heródes tendió las manos para maltratar a algunos de la iglesia. Y mató a Santiago el hermano de Juan a espada. Y viendo que había agradado a los Judíos, pasó adelante para prender también a Pedro. (Eran entonces los días de los panes sin levadura.) El cual prendido, le echó en la cárcel, entregándole a cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen: queriendo sacarle al pueblo después de la pascua. Así que, Pedro era guardado en la cárcel; mas la iglesia hacía oración a Dios sin cesar por él. Y cuando Heródes le había de sacar, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta que guardaban la cárcel. Y, he aquí, el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la cárcel: e hiriendo a Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme. Y saliendo, le seguía; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel: mas pensaba que veía una visión. Y como pasaron la primera y la segunda guarda, vinieron a la puerta de hierro, que va a la ciudad, la cual se les abrió de suyo; y salidos, pasaron adelante por una calle; y luego el ángel se apartó de él. Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente, que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Heródes, y de toda la expectación del pueblo de los Judíos. Y habiendo considerado, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Márcos, donde muchos estaban congregados, y orando. Y tocando Pedro a la puerta del portal, salió una muchacha, para escuchar, que se llamaba Rode. La cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino corriendo dentro, dio la nueva, que Pedro estaba ante la puerta. Y ellos le dijeron: Estás loca: mas ella afirmaba que era así. Entonces ellos decían: Su ángel es. Empero Pedro perseveraba en llamar; y como le abrieron la puerta, le vieron, y se espantaron. Mas él, haciéndoles señal con la mano que callasen, les contó como el Señor le había sacado de la cárcel; y dijo: Hacéd saber esto a Santiago y a los hermanos. Y salido, se partió a otro lugar. Siendo pues de día, había no poco alboroto entre los soldados, sobre qué se había hecho de Pedro. Mas Heródes, como le buscó, y no le halló, hecha inquisición de los guardas, los mandó llevar a la muerte. Y descendiendo de Judea a Cesarea, se quedó allí. ¶ Y Heródes estaba enojado contra los de Tiro, y los de Sidón; mas ellos vinieron de acuerdo a él; y habiendo sobornado a Blasto, que era el camarero del rey, pedían paz; porque las tierras de ellos eran mantenidas por las del rey. Y en un día señalado, Heródes vestido de ropa real, se sentó en su trono, y les arengaba. Y el pueblo aclamaba, diciendo: Esta es la voz de un dios, y no de un hombre. Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y comido de gusanos espiró. Mas la palabra del Señor crecía, y se multiplicaba. Y Barnabás y Saulo volvieron de Jerusalem, cumplido su ministerio, tomando consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Márcos.

Evening Prayer — First Lesson

Lamentations 5

Acuérdate, o! Jehová, de lo que nos ha venido: vé, y mira nuestra vergüenza. Nuestra heredad se ha vuelto a extraños, nuestras casas a forasteros. Huérfanos somos sin padre: nuestras madres como viudas. Nuestra agua bebemos por dinero, nuestra leña compramos por precio. Sobre nuestra cerviz padecemos persecución; cansámosnos, y no hay para nosotros descanso. A Egipto dimos la mano, y al Asirio, para hartarnos de pan. Nuestros padres pecaron, y son muertos; y nosotros llevamos sus castigos. Siervos se enseñorearon de nosotros: no hubo quien nos librase de su mano. Con el peligro de nuestras vidas traíamos nuestro pan delante de la espada del desierto. Nuestros cueros se ennegrecieron como un horno a causa del ardor de la hambre. Afligieron a las mujeres en Sión, a las vírgenes en las ciudades de Judá. A los príncipes colgaron con su mano: no reverenciaron los rostros de los viejos. Llevaron los mozos a moler, y los muchachos desfallecieron en la leña. Los ancianos cesaron de la puerta, los mancebos de sus canciones. Cesó el gozo de nuestro corazón, nuestro corro se tornó en luto. Cayó la corona de nuestra cabeza: ¡ay ahora de nosotros! porque pecamos. Por esto fue entristecido nuestro corazón, por esto se entenebrecieron nuestros ojos. Por el monte de Sión que es asolado, zorras andan en él. Mas tú, Jehová, para siempre permanecerás: tu trono de generación en generación. ¿Por qué te olvidarás para siempre de nosotros? ¿dejarnos has por luengos días? Vuélvenos, o! Jehová, a ti, y volvernos hemos: renueva nuestros días como al principio. Porque desechando nos has desechado: háste airado contra nosotros en gran manera.

Evening Prayer — Second Lesson

James 4

¿De dónde vienen las guerras, y los pleitos entre vosotros? De aquí, es a saber, de vuestras concupiscencias, las cuales batallan en vuestros miembros. Codiciáis, y no tenéis: tenéis envidia y odio, y no podéis alcanzar: combatís y guerreáis, empero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís; porque pedís malamente, para gastar en vuestros deleites. Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿Pensáis que la Escritura dice sin causa: El espíritu que mora en nosotros, codicia envidiosamente? Mas él da mayor gracia. Porque él dice: Dios resiste a los soberbios, empero da gracia a los humildes. Sed pues sujetos a Dios: resistíd al diablo, y huirá de vosotros. Allegáos a Dios, y él se allegará a vosotros. Pecadores, limpiád las manos; y vosotros de doblado ánimo, purificád los corazones. Afligíos, y lamentád, y llorád. Vuestra risa conviértase en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humilláos delante de la presencia del Señor, y él os ensalzará. Hermanos, no digáis mal los unos de los otros: el que dice mal de su hermano, y juzga a su hermano, este tal dice mal de la ley, y juzga a la ley; mas si tú juzgas a la ley, no eres guardador de la ley, sino juez. Solo uno es el dador de la ley, que puede salvar, y perder: ¿Quién eres tú que juzgas a otro? Ea ahora, vosotros los que decís: Vamos hoy y mañana a tal ciudad, y estaremos allá un año, y compraremos mercadería, y ganarémos: Vosotros que no sabéis lo que será mañana. Porque, ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y después se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quisiere, y si viviéremos, haremos esto o aquello. Mas ahora triunfáis en vuestras soberbias. Toda gloria semejante es mala. El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace.

Readings follow the 1662 Book of Common Prayer (public domain). Scripture text is in the public domain. (Reina-Valera Antigua 1865)

Today's readings, every morning

Bosko brings the daily readings for your tradition to your day — with a reflection, the full Bible in 30 translations, and the liturgical calendar, in 18 languages.