Bosko

Today's Readings

The Scripture readings appointed for today, with the full text in your language. Follow the daily readings for your tradition, every morning, in the Bosko app.

First Reading

Job 5

Ahora pues da voces, si habrá quien te responda; y si habrá alguno de los santos a quien mires. Es cierto que al insensato la ira le mata; y al codicioso consume la envidia. Yo he visto al necio que echaba raíces, y en la misma hora maldije su habitación. Sus hijos serán lejos de la salud, y en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre. Hambrientos comerán su segada, y la sacarán de entre las espinas; y sedientos beberán su hacienda. Porque la pena no sale del polvo, ni la molestia reverdece de la tierra. Antes como las centellas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción. ¶ Ciertamente yo buscaría a Dios, y depositaría en él mis negocios; El cual hace grandes cosas, que no hay quien las comprenda; y maravillas que no tienen cuento: Que da la lluvia sobre la haz de la tierra, y envía las aguas sobre las haces de las plazas: Que pone los humildes en altura, y los enlutados son levantados a salud: Que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada: Que prende a los sabios en su astucia, y el consejo de los perversos es entontecido. De día se topan con tinieblas, y en mitad del día andan a tiento, como en noche. Y libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de la mano violenta. Que es esperanza al menesteroso, y la iniquidad cerró su boca. ¶ He aquí, que bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga: por tanto no menosprecies la corrección del Todopoderoso. Porque él es el que hace la llaga, y él que la ligará: el hiere, y sus manos curan. En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal. En la hambre te redimirá de la muerte, y en la guerra, de las manos de la espada. Del azote de la lengua serás encubierto: ni temerás de la destrucción, cuando viniere. De la destrucción y de la hambre te reirás, y no temerás de las bestias del campo. Y aun con las piedras del campo tendrás tu concierto, y las bestias del campo te serán pacíficas. Y sabrás que hay paz en tu tienda; y visitarás tu morada, y no pecarás. Y entenderás que tu simiente es mucha; y tus pimpollos, como la yerba de la tierra. Y vendrás en la vejez a la sepultura, como el montón de trigo que se coge a su tiempo. He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así: óyelo, y tú sabe para ti.

Responsorial Psalm

Psalm 78

Escucha, pueblo mío, mi ley: inclinád vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré en parábola mi boca: hablaré enigmas del tiempo antiguo: Los cuales hemos oído y entendido: que nuestros padres nos los contaron. No los encubriremos a sus hijos, contando a la generación postrera las alabanzas de Jehová: y su fortaleza, y sus maravillas, que hizo. Que levantó testimonio en Jacob, y puso ley en Israel: la cual mandó a nuestros padres, que la notificasen a sus hijos: Para que sepa la generación postrera: y los hijos que nacerán, que se levantarán, cuenten a sus hijos: Y pondrán en Dios su confianza, y no se olvidarán de las obras de Dios: y guardarán sus mandamientos. Y no serán como sus padres, generación contumaz, y rebelde: generación que no compuso su corazón, ni su espíritu fue fiel con Dios. Los hijos de Efraím armados, flecheros, volvieron las espaldas el día de la batalla. No guardaron el concierto de Dios: ni quisieron andar en su ley, Antes se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado. Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Soan. Rompió la mar, e hízolos pasar: e hizo estar las aguas como en un montón. Y llevólos con nube de día, y toda la noche con lumbre de fuego. Hendió las peñas en el desierto: y dióles a beber de abismos grandes. Y sacó de la peña corrientes, e hizo descender aguas, como ríos. Y tornaron aun a pecar contra él, enojando al Altísimo en la soledad. Y tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida para su alma. Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá Dios ponernos mesa en el desierto? He aquí, ha herido la peña, y corrieron aguas, y arroyos salieron ondeando: ¿podrá también dar pan? ¿aparejará carne a su pueblo? Por tanto oyó Jehová, y enojóse: y encendióse el fuego en Jacob, y el furor subió también en Israel. Porque no habían creído a Dios, ni habían confiado de su salud. Y mandó a las nubes de arriba: y abrió las puertas de los cielos. E hizo llover sobre ellos maná para comer, y dióles trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre: envióles comida a hartura. Movió al solano en el cielo; y trajo con su fortaleza al austro, E hizo llover sobre ellos carne, como polvo: y aves de alas como arena de la mar. E hízolas caer en medio de su campo, al rededor de sus tiendas. Y comieron, y hartáronse mucho: y cumplióles su deseo. No habían aun quitado de sí su deseo, aun su vianda estaba en su boca, Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, y mató en los gruesos de ellos, y derribó los escogidos de Israel. Con todo esto pecaron aun; y no dieron crédito a sus maravillas. Y consumió en muy poco sus días, y sus años apresuradamente. Si los mataba, entonces le buscaban; y convertíanse, y buscaban a Dios de mañana. Y acordábanse que Dios era su refugio: y el Dios Alto su redentor. Y lisonjeábanle con su boca; y con su lengua le mentían: Mas sus corazones no eran rectos con él: ni estuvieron firmes en su concierto. Mas él, misericordioso perdonaba la maldad, y no los destruyó: y abundó su misericordia para apartar su ira, y no despertó toda su ira. Y acordóse que eran carne: espíritu que va y no vuelve. ¡Cuántas veces le ensañaron en el desierto, le enojaron en la soledad! Y volvieron, y tentaron a Dios: y limitaron al Santo de Israel. No se acordaron de su mano: del día que les redimió de angustia; Que había puesto en Egipto sus señales: y sus maravillas en el campo de Soan: Y había vuelto sus ríos en sangre: y sus corrientes porque no bebiesen: Había enviado en ellos una mezcla de moscas que los había comido: asimismo ranas que los destruyeron. Y había dado al pulgón sus frutos: y sus trabajos a la langosta. Había destruido sus viñas con granizo, y sus higuerales con piedra. Y entregó al pedrisco sus bestias, y sus ganados al fuego. Había enviado en ellos el furor de su saña: ira y enojo, y angustia, y ángeles malos. Enderezó el camino a su furor: no detuvo la vida de ellos de la muerte, antes entregó su vida a la mortandad: E hirió a todo primogénito en Egipto; las primicias de las fuerzas en las tiendas de Cam. E hizo partir, como hato de ovejas, su pueblo; y llevólos, como a un rebaño, por el desierto. Y guiólos con seguridad, que no tuvieron miedo; y a sus enemigos cubrió la mar. Metiólos en los términos de su tierra santa; en este monte, que ganó su mano derecha. Y echó las naciones de delante de ellos, e hízolas caer en cordel de heredad: e hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel. Y tentaron, y enojaron al Dios Altísimo; y no guardaron sus testimonios. Y volviéronse, y rebeláronse como sus padres; volviéronse como arco engañoso. Y enojáronle con sus altos; y provocáronle a zelo con sus esculturas. Oyó Dios, y enojóse; y aborreció en grande manera a Israel. Por esta causa dejó el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres. Y dio en cautividad su fortaleza; y su gloria en mano del enemigo. Y entregó a su pueblo a la espada; y airóse contra su heredad. A sus mancebos tragó el fuego; y sus vírgenes no fueron loadas. Sus sacerdotes cayeron a espada: y sus viudas no lamentaron. Y despertóse el Señor, como un dormido: como un valiente, que da voces a causa del vino: E hirió a sus enemigos detrás: dióles vergüenza perpetua. Y aborreció la tienda de José; y no escogió a la tribu de Efraím: Mas escogió a la tribu de Judá: al monte de Sión, al cual amó. Y edificó, como alturas, su santuario: como la tierra, lo acimentó para siempre. Y eligió a David su siervo: y tomóle de las majadas de las ovejas. Detrás de las paridas le trajo: para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. Y apacentólos con enterez de su corazón: y con las industrias de sus manos los pastoreó.

Second Reading

II Corinthians 1

Pablo, apóstol de Jesu Cristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están por toda la Acaya. Gracia a vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu Cristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesu Cristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación. El que nos consuela en todas nuestras tribulaciones; para que podamos nosotros consolar a los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados de Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por Cristo nuestra consolación. Y si somos atribulados, es por vuestra consolación y salvación, la cual es eficiente en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos; o si somos consolados, es por vuestra consolación y salvación. Y nuestra esperanza de vosotros es firme, estando ciertos que como sois participantes de las aflicciones, así también lo seréis de la consolación. Porque, hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos fue hecha en Asia, que sobre manera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas, de tal manera que aun dudábamos de la vida. Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios, que levanta los muertos: El cual nos libró de tamaña muerte, y nos libra: en el cual esperamos que aun nos librará; Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros, para que por el don alcanzado para nosotros por medio de muchas personas, por muchas también sean dadas gracias por nosotros. Porque nuestra gloria es esta, es a saber, el testimonio de nuestra conciencia, que en simplicidad y sinceridad de Dios, no en sabiduría carnal, mas en la gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y más con vosotros. Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también reconocéis; y espero que aun hasta el fin las reconoceréis: Como también en parte nos habéis reconocido que somos vuestra gloria, como también vosotros sois la nuestra, en el día del Señor Jesús. ¶ Y en esta confianza quise primero venir a vosotros, porque tuvieseis otro segundo beneficio: Y pasar por vosotros a Macedonia; y de Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser llevado por vosotros a Judea. Así que pretendiendo esto, ¿usé quizá de liviandad? ¿o lo que pienso hacer, piénsolo según la carne, para que haya en mí sí, sí, y no, no? ¶ Antes como Dios es fiel, nuestra palabra para con vosotros no ha sido sí y no. Porque el Hijo de Dios, Jesu Cristo, que por nosotros ha sido entre vosotros predicado por mí, y Silvano, y Timoteo, no ha sido sí y no; mas en él ha sido sí. Porque todas las promesas de Dios son en él sí, y en él Amén para gloria de Dios por nosotros. Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios: El cual también nos selló, y nos dio las arras del Espíritu en nuestros corazones. Mas yo llamo a Dios por testigo sobre mi alma, de que por perdonaros, no he venido hasta ahora a Corinto: No que nos enseñoreamos de vuestra fe; antes somos ayudadores de vuestro gozo, porque por la fe estáis en pie.

Gospel

Matthew 21

Y como se acercaron a Jerusalem, y vinieron a Betfage, al monte de las Olivas, entonces Jesús envió dos discípulos, Diciéndoles: Id a la aldea que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella: desatádla, y traédmelos. Y si alguno os dijere algo, decíd: El Señor los ha menester; y luego los dejará. Y todo esto fue hecho, para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Decíd a la hija de Sión: He aquí, tu Rey te viene, manso, y sentado sobre una asna y un pollino, hijo de animal de yugo. Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó. Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos, y se sentó sobre ellos. Y muy mucha gente tendían sus mantos en el camino; y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino. Y las multitudes que iban delante, y las que iban detrás aclamaban, diciendo: Hosanna al Hijo de David: Bendito el que viene en el nombre del Señor: Hosanna en las alturas. Y entrando él en Jerusalem, toda la ciudad se alborotó, diciendo: ¿Quién es éste? Y las multitudes decían: Este es Jesús, el profeta, de Nazaret de Galilea. ¶ Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera todos los que vendían y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas. Y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho. Entonces vinieron a él ciegos y cojos en el templo, y los sanó. ¶ Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y los muchachos aclamando en el templo, y diciendo: Hosanna al Hijo de David: se enojaron, Y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesús les dice: Si: ¿Nunca leísteis: De la boca de los niños, y de los que maman perfeccionaste la alabanza? Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad a Betania; y posó allí. ¶ Y por la mañana volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca más nazca de ti fruto para siempre. Y luego la higuera se secó. Entonces viendo esto los discípulos, maravillados decían: ¡Cómo se secó luego la higuera! Y respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no solo haréis esto de la higuera, mas si a este monte dijereis: Quítate, y échate en la mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis con oración creyendo, lo recibiréis. ¶ Y como vino al templo, los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo llegaron a él, cuando estaba enseñando, diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿y quién te dio esta autoridad? Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os preguntaré una palabra; la cual si me dijereis, también yo os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿del cielo, o de los hombres? Ellos entonces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; nos dirá: ¿Por qué pues no le creísteis? Y si dijéremos: De los hombres; tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Ni yo os diré con qué autoridad hago esto. ¶ Mas, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Y respondiendo él, dijo: No quiero: mas después arrepentido, fue. Y llegando al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Yo, Señor, voy; y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Dicen ellos: El primero. Díceles Jesús: De cierto os digo, que los publicanos, y las rameras os van delante al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan por vía de justicia, y no le creísteis; y los publicanos, y las rameras le creyeron; y vosotros viendo esto nunca os arrepentisteis para creerle. ¶ Oíd otra parábola: Fue un hombre, padre de familias, el cual plantó una viña, y la cercó de vallado, y fundó en ella lagar, y edificó torre, y la dio a renta a labradores, y se partió lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. Envió otra vez otros siervos más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Y a la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero: veníd, matémosle, y tomemos su herencia. Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Dícenle ellos: A los malos destruirá malamente; y su viña dará a renta a otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos. Díceles Jesús: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, esta fue hecha por cabeza de la esquina: por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que haga el fruto de él. Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, desmenuzarle ha. Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos. Y buscando como echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenían por profeta.

A daily plan reading through Scripture in course. Bible text is in the public domain. (Reina-Valera Antigua 1865)

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