Today's Readings
The Scripture readings appointed for today, with the full text in your language. Follow the daily readings for your tradition, every morning, in the Bosko app.
Morning Prayer — First Lesson
Job 4
Y respondió Elifaz el Temanita, y dijo: Si probaremos a hablarte, serte ha molesto: ¿mas quién podrá detener las palabras? He aquí, tú enseñabas a muchos, y las manos flacas corroborabas. Al que vacilaba, enderezaban tus palabras: y las rodillas de los que arrodillaban, esforzabas. Mas ahora que a ti te ha venido esto, te es molesto: y cuando ha llegado hasta ti, te turbas. ¿Es este tu temor, tu confianza, tu esperanza, y la perfección de tus caminos? Acuérdate ahora, ¿quién haya sido inocente, que se perdiese? ¿y en dónde los rectos han sido cortados? Como yo he visto, que los que aran iniquidad, y siembran injuria, la siegan. Perecen por el aliento de Dios, y por el espíritu de su furor son consumidos. El bramido del león, y la voz del león, y los dientes de los leoncillos son arrancados. El león viejo perece por falta de presa, y los hijos del león son esparcidos. ¶ El negocio también me era a mí oculto: mas mi oído ha entendido algo de ello. En imaginaciones de visiones nocturnas, cuando el sueño cae sobre los hombres, Un espanto, y un temblor me sobrevino, que espantó todos mis huesos. Y un espíritu pasó por delante de mí, que el pelo de mi carne se erizó. Paróse una fantasma delante de mis ojos, cuyo rostro yo no conocí; y callando, oí que decía: ¿Si será el hombre más justo que Dios? ¿Si será el varón más limpio que el que le hizo? He aquí que en sus siervos no confía; y en sus ángeles puso locura: ¿Cuánto más en los que habitan en casas de lodo, cuyo fundamento está en el polvo, y que serán quebrantados de la polilla? De la mañana a la tarde son quebrantados, y se pierden para siempre, sin que haya quien lo eche de ver. ¿Su hermosura no se pierde con ellos mismos? muérense y no lo saben.
Morning Prayer — Second Lesson
Mark 6
Y salió de allí, y vino a su tierra; y le siguieron sus discípulos. Y llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, que tales maravillas son hechas por sus manos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Santiago, y de Joses, y de Júdas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban en él. Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa. Y no pudo allí hacer alguna maravilla: solamente que sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos; y rodeaba las aldeas de al derredor enseñando. ¶ Y llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos, y les dio potestad sobre los espíritus inmundos; Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente un bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa; Mas que calzasen sandalias; y no vistiesen dos ropas. Y les decía: En cualquier casa que entrareis, posád allí hasta que salgáis de aquel lugar. Y todos aquellos que no os recibieren, ni os oyeren, saliendo de allí, sacudíd el polvo que está debajo de vuestros pies en testimonio contra ellos. De cierto os digo, que más tolerable será el castigo de Sodoma, o de Gomorra en el día del juicio, que él de aquella ciudad. Y saliendo predicaban, que se arrepintiesen los hombres. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y sanaban. ¶ Y oyó el rey Heródes la fama de Jesús, porque su nombre era hecho notorio, y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos; y por tanto virtudes obran en él. Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es; o alguno de los profetas. Y oyéndolo Heródes, dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha resucitado de los muertos. Porque el mismo Heródes había enviado y prendido a Juan, y le había aprisionado en la cárcel a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque la había tomado por mujer. Porque Juan decía a Heródes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. Por tanto Herodías le tenía ojeriza, y deseaba matarle; mas no podía; Porque Heródes temía a Juan, conociéndole por varón justo y santo; y le tenía respeto, y obedeciéndole hacía muchas cosas; y le oía de buena gana. Y viniendo un día oportuno, en que Heródes, en la fiesta de su nacimiento, hacía cena a sus príncipes y tribunos, y a los principales de Galilea, Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando a Heródes, y a los que estaban con él a la mesa, el rey dijo a la moza: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré. Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré hasta la mitad de mi reino. Y saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan el Bautista. Entonces ella entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora luego me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista. Y el rey se entristeció mucho; mas a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso negárselo. Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traída su cabeza. El cual fue, y le degolló en la cárcel. Y trajo su cabeza en un plato, y la dio a la moza, y la moza la dio a su madre. Y oyéndolo sus discípulos, vinieron, y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro. ¶ Y los apóstoles se juntaron a Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Y él les dijo: Veníd vosotros aparte a un lugar desierto, y reposád un poco; porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer. Y se fueron en una nave a un lugar desierto aparte. Y los vieron ir muchos, y lo conocieron; y concurrieron allá muchos a pie de las ciudades, y vinieron antes que ellos, y se juntaron a él. Y saliendo Jesús vio una grande multitud, y tuvo misericordia de ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y les comenzó a enseñar muchas cosas. Y como ya fue el día muy entrado, sus discípulos llegaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y el día es ya muy entrado, Envíalos para que vayan a los cortijos y aldeas de al derredor, y compren para sí pan, porque no tienen que comer. Y respondiendo él, les dijo: Dádles de comer vosotros; y le dijeron: ¿Qué? ¿iremos a comprar pan por doscientos denarios, para darles de comer? Y él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id, y védlo. Y sabiéndolo ellos, dijeron: Cinco, y dos peces. Y les mandó que hiciesen recostar a todos por ranchos sobre la yerba verde. Y se recostaron por partes, por ranchos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y rompió los panes, y dio a sus discípulos para que les pusiesen delante. Y los dos peces repartió entre todos. Y comieron todos, y se hartaron. Y alzaron de los pedazos doce esportones llenos, y de los peces. Y eran los que comieron de los panes cinco mil varones. ¶ Y luego dio priesa a sus discípulos a subir en la nave, e ir delante de él a la otra parte a Betsaida, entre tanto que él despedía la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar. Y como fue la tarde, la nave estaba en medio de la mar, y él solo en tierra. Y los vio que se trabajaban navegando, porque el viento les era contrario; y cerca de la cuarta vela de la noche vino a ellos andando sobre la mar, y quería pasarlos. Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces; Porque todos le veían, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Aseguráos, yo soy: no tengáis miedo. Y subió a ellos en la nave, y el viento reposó, y ellos en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban; Porque aun no entendían el milagro de los panes; porque sus corazones estaban endurecidos. ¶ Y cuando fueron a la otra parte, vinieron a tierra de Genesaret, y tomaron puerto. Y saliendo ellos de la nave, luego le conocieron. Y corriendo por toda la tierra de al derredor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, como oyeron que estaba allí. Y donde quiera que entraba, en aldeas, o ciudades, o heredades, ponían en las calles los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido, y todos los que le tocaban quedaron sanos.
Evening Prayer — First Lesson
Job 5
Ahora pues da voces, si habrá quien te responda; y si habrá alguno de los santos a quien mires. Es cierto que al insensato la ira le mata; y al codicioso consume la envidia. Yo he visto al necio que echaba raíces, y en la misma hora maldije su habitación. Sus hijos serán lejos de la salud, y en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre. Hambrientos comerán su segada, y la sacarán de entre las espinas; y sedientos beberán su hacienda. Porque la pena no sale del polvo, ni la molestia reverdece de la tierra. Antes como las centellas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción. ¶ Ciertamente yo buscaría a Dios, y depositaría en él mis negocios; El cual hace grandes cosas, que no hay quien las comprenda; y maravillas que no tienen cuento: Que da la lluvia sobre la haz de la tierra, y envía las aguas sobre las haces de las plazas: Que pone los humildes en altura, y los enlutados son levantados a salud: Que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada: Que prende a los sabios en su astucia, y el consejo de los perversos es entontecido. De día se topan con tinieblas, y en mitad del día andan a tiento, como en noche. Y libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de la mano violenta. Que es esperanza al menesteroso, y la iniquidad cerró su boca. ¶ He aquí, que bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga: por tanto no menosprecies la corrección del Todopoderoso. Porque él es el que hace la llaga, y él que la ligará: el hiere, y sus manos curan. En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal. En la hambre te redimirá de la muerte, y en la guerra, de las manos de la espada. Del azote de la lengua serás encubierto: ni temerás de la destrucción, cuando viniere. De la destrucción y de la hambre te reirás, y no temerás de las bestias del campo. Y aun con las piedras del campo tendrás tu concierto, y las bestias del campo te serán pacíficas. Y sabrás que hay paz en tu tienda; y visitarás tu morada, y no pecarás. Y entenderás que tu simiente es mucha; y tus pimpollos, como la yerba de la tierra. Y vendrás en la vejez a la sepultura, como el montón de trigo que se coge a su tiempo. He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así: óyelo, y tú sabe para ti.
Evening Prayer — Second Lesson
2 Corinthians 3
¿Comenzamos otra vez a alabarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros para otros? Nuestra carta sois vosotros mismos, escrita en nuestros corazones, sabida y leída de todos los hombres; Por cuanto es manifiesto que vosotros sois la carta de Cristo ministrada por nosotros, y escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo: no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón. Y la tal confianza tenemos por Cristo para con Dios. No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos; sino que nuestra suficiencia es de Dios: El cual aun nos hizo ministros suficientes del nuevo testamento: no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Empero si el ministerio de muerte escrito y grabado en piedras, fue para gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen fijar los ojos en la cara de Moisés, a causa de la gloria de su rostro, la cual se había de acabar: ¿Cuánto más no será para gloria el ministerio del espíritu? Porque si el ministerio de condenación fue gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justicia. Porque lo que fue hecho tan glorioso, ni aun fue glorioso en esta parte, en comparación de la gloria que sobresale. Porque si lo que se acaba fue para gloria, mucho más será para gloria lo que permanece. Así que teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza. Y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no pudiesen fijar los ojos en el fin de aquello que se había de acabar: Mas los entendimientos de ellos se embotaron; porque hasta el día de hoy les queda el mismo velo no descorrido en la lectura del viejo testamento, cuyo velo en Cristo es quitado: Antes hasta el día de hoy, cuando Moisés es leído, el velo está sobre el corazón de ellos. Empero cuando se convirtieren al Señor, el velo se quitará. Y el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Empero nosotros todos, con cara descubierta, mirando como en un espejo en la gloria del Señor, somos transformados en la misma semejanza de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor.
Readings follow the 1662 Book of Common Prayer (public domain). Scripture text is in the public domain. (Reina-Valera Antigua 1865)
Today's readings, every morning
Bosko brings the daily readings for your tradition to your day — with a reflection, the full Bible in 30 translations, and the liturgical calendar, in 18 languages.
